viernes, 29 de octubre de 2010

Halloblowen "La hija del enterrador"




No éramos una familia normal. Sólo bastaba un detalle para delatarnos. Vivíamos en una casa sin esquinas. Así explicábamos sin más detalle, cuando alguien preguntaba por nuestra dirección.
Raros, éramos básicamente raros. “Básicamente” según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, venia a decir más o menos: “Con arreglo a los principios y fundamentos de algo.”
Y desde el principio mis padres, fundamentados en no se que cosa del amor, decidieron contraer matrimonio aunque no tenían donde caerse muertos.
¡Que ironía! Le ofrecieron trabajo de enterrador y ocuparon una vivienda sin ventanas, adosada a las tumbas que daban al norte, oscura y húmeda como corresponde a cualquier osario de cualquier cementerio.
Allí nací yo, básicamente normal, pero inservible para los planes.
Quisieron cambiarme por un ternero en el mismo instante del alumbramiento pero el candidato al trueque no estuvo de acuerdo. Argumentó sin fundamento, que tenía una tara. Sonreia.
Mi madre me escondió. Yo la vi parir un hijo cada año, todas mujeres, feas y sin tara.
Su futuro estaba asegurado. Aleccionadas magistralmente, se convirtieron en las mejores plañideras de toda la comarca, impecables en cuanto a la palidez y el grito y dependiendo de si el muerto era de familia acomodada, hasta fingían un desmayo que terminaba con convulsiones y un vómito de sangre negruzca que daba un efecto trágico al evento.
Conmigo no se ganaba dinero así que mi casorio se amañó pronto. La dote era yo misma y la advertencia de que pasara lo que pasara, no sería devuelta. Mi madre me dio consejos, mi padre nada.
Me chocó verme de repente en una casa con esquinas. Por fin pude llorar por los rincones.

20 comentarios:

Medea dijo...

Pobrecita sonreía cuando sus condiciones de vida eran las que eran cuando tenía tanto por lo que llorar, solo con pensar en su vida tenia más que motivos para llorar sin necesidad de ser aleccionada, pero se ve que aplicó al "mal tiempo, buena cara" menos mal que luego encontró esquinas por donde llorar. Los cementerios “lagarto,lagarto”.
Un beso

Verónica Marsá dijo...

Rosa, creo que es o mejor que has narrado. Crudo, duro y rasposo. Así es la vida...
hace años leí un libro en griego que se llamaba "Πάλι κορίτσι", "useasé" OTRA VEZ NIÑA!!!

Ha sido un libro tal cuál tú nos cuentas.

Un abrazo terrorífico de ultratumba, compañera!

El Éxodo dijo...

Bueno, muy bueno. Cuántas y cuántos, de un modo u otro, somos hijos e hijas de un sepulturero. Siempre buscando alguna esquina.

Besos.

Claudia AB dijo...

Me encantó tu relato!!:-) Fuerte, preciso y conciso. Un saludo de Bélgica.

Gastón Daniel Avale dijo...

ROSA...muchas gracias por el relato...esta vez me quedo realmente con las palabras de vero...es un relato genial, duro y raposo eh! realmente como la vida misma! un beso

Natàlia Tàrraco dijo...

Inquietante relato, triste y amargo, ser tarada por sonreír es el colmo de la tara en casa de plañideras y enterradores. Hay quien nace plañidera por vocación, no es raro.
En una esquina te dejo mi beso admirado y mi aplauso sincero, sonrío, Rosa.

Olivia Ardey dijo...

Rosa, tu relato me inspira una ternura impresionante. Me ha encantado. Felicidades.

alfredo dijo...

No sé porqué siempre me sorprendes, ya debería estar acostumbrado. Pero lo tuyo es inventar. Inventar situaciones, personajes, descripciones, emociones y comportamientos.

Aspero y tierno, siempre admirable.

Besos

Neogeminis dijo...

Pobrecita!...los peores terrores de su vida no estaban en la stumbas aledañas sino en ese par de desalmados que la engendraron!...nada bueno podía salir de ese "hogar" tan nefasto!...una historia adecuada para la ocasión!


un abrazo.

Primavera dijo...

Pobre mujer que calvario de vida....
muy bonita historia te deja triste por la situacion de ella.
Primavera

Pepe dijo...

¿qué se puede esperar de una criatura que nace en el filo del territorio de la muerte con la "tara" de la sonrisa reflejada en su cara como un castigo divino que era motivo de oprobio para sus tétricos progenitores?. Pobre criatura. Al final, pudo cumplir su sueño de llorar en una casa con esquinas.
Un abrazo.

Fibonacci dijo...

muy logrado el escrito...me ha gustado...te seguiré leyendo.
Un saludo

XoseAntón dijo...

¡¡¡Enhorabuena!!!, Rosa; éste sí es terror y del bueno. No hay nada que me asuste más que la ignorancia. Lo dicho, felicidades. Y llora, llora por cada pliegue de tus entrañas si eso te alivia; pero nunca hagas de plañidera y continúa sonriendo, por favor. ¡¡¡Uf, cómo me has dejado el cuerpo!!!

Dafne dijo...

La hija del enterrador,título de novela negra,inquietante,como lo es tu relato y con una eclosión final,de descanso, poder al fin llorar.
Besos

maria jose moreno dijo...

que pena, pobrecita, menos mal que al final tuvo un lugar donde llorar.
Rosa, muy buen relato, porque en tono jocos has relatado algo muy duro y cruel.
Un beso

Ricardo Miñana dijo...

Te queda muy bien el relato.
un placer pasar por tu casa.
Que disfrutes la noche de haloween.
un abrazo.

Teresa Cameselle. dijo...

Me ha encantado tu relato. Original, distinto, tanto en la forma como en el fondo. Me hubiera gustado saber más de tu protagonista, de su disfuncional familia, y de su futuro en esa casa con esquinas. Espero que algún día se le acaben las razones para llorar.
Gracias por participar.

Mari Carmen dijo...

Qué tristeza, Rosa, qué mal sitio para nacer, para crecer, para vivir. No me gustan los cementerios. Nunca los visito, al menos los españoles porque por el norte de Europa hay cementerios preciosos que son jardines por donde la gente pasea, pero es otro modo de ver la muerte, creo.

Debe ser desasosegante ser hijo de un sepulturero, aunque sean necesarios.

Tu relato es fantástico, Rosa :)

Un abrazo

Maat dijo...

Hola, Rosa.

Advierto cierta similitud en algunos detalles de tu estupendo relato con la vida que pasa ante nuestros ojos cada día. Llama más la atención un vómito de sangre negruzca que la contemplación de una sonrisa sincera. Y así nos va...

De nuevo, ha sido un verdadero placer leerte.

Te dejo un abrazo fuerte.

Maat

CAS dijo...

."la dote era yo misma"
No hacía falta más... eras lo mejor de esa casa sin esquina por lejos!!!
y así de bueno lo has relatado.
Un fuerte y admirado abrazo.