martes, 27 de septiembre de 2016

Finis Terrae



                                         


 ( Mi relato Finis Terrae, finalista en el certamen de relatos  Mujeres Viajeras, se incluirá en el libro de la VIII edición)


Antes de que el tiempo convierta en astillas la memoria y las palabras sean vestigio de un naufragio, tu naufragio por mi vida, quiero desandar en el papel, los pasos de nuestra huída.
Descontando los días felices, ya sólo quedan los escombros de la costumbre. Decididos a cambiar la rutina, planeamos nuestro último viaje.
Sin rumbo para que la vida nos sorprendiera, guardamos el rencor en un rincón de la maleta con la promesa de desterrarlo poco a poco.
Al alba nos pusimos en marcha, el sol doraba las lomas de los trigales.
Junio. Sevilla.
El tren aligera el tiempo dejando la campiña como un borrón en el paisaje. Córdoba huele a piñonate y nos abre sus puertas con un llamador de arcángeles. La luna derramada en los patios acuna a los geranios. Canta el agua.
Vamos de paso, unas veces a salto de caballo otras con movimiento de alfil, como en un gigantesco tablero de ajedrez, calculando la jugada para no herirnos más.
Todo va tan de prisa…El eco nos pregunta, pero nuestro silencio cae barranco abajo por las simas azules de Despeñaperros.
Madrid nos traga por unos días, pero huimos desde el mapa de bolsillo y echando a suertes el destino, la brújula señaló más al norte,  un pueblo abandonado de León,  Los Montes de la Ermita.
Hasta allí nos arrastró el olvido,  el olor del heno, el luto de los tejados de pizarra, los chillidos  de los vencejos al anochecer, el pulso de las piedras, la sonrisa de los viejos que borraron el calendario…
El rencor, amargo, nos sirvió de alimento por muchos días. Cada vez nos pesó menos el equipaje y más los miedos.
Cuando el invierno blanco bajó por los senderos, pusimos  rumbo al mar…
Huyendo, sólo huyendo de nosotros mismos, anclamos nuestros barcos de papel allí donde el atardecer es como una herida en el horizonte.
Vimos precipitarse el sol en el agua cada día y asistimos al milagro del amanecer en el Cabo de Finisterre.
Náufragos a destiempo, desmenuzamos la noche y la vida con la certeza de lo inevitable.
En la Costa da Morte, suenan a llanto las caracolas.



jueves, 22 de septiembre de 2016

La tempestad...para un jueves de relato.




Aun le sudaban las manos, tenía los nudillos blancos de aferrarse al silencio oscuro debajo de la cama.
Vino el perro a lamerle la cara, a calentarle el alma, a devolverle a la realidad de esa paz transitoria.
La tempestad había cesado por hoy.
En la casa quedaban  los restos del naufragio,
A contracorriente, fue recogiendo la luz del último relámpago para  alumbrar la esperanza de mañana.
Pero mañana, no se le habrán curado aún los golpes, cuando su torpeza  hará estallar la tormenta de nuevo.
¡Corre, escóndete! -Le volverá a rogar su madre- mientras llueve desesperadamente sobre su miedo.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Septiembre... un jueves de septiembre




Arrítmica, suena una gotera en el cubo de latón. Escribo en el vaho de los cristales: Septiembre.
En mi cocina huele a membrillos dulces, el reloj tiene un año de retraso, los gorriones se refugian de la tormenta  en el alero del tejado, el vecino del segundo grita lo acostumbrado, tu recuerdo llueve fuera... Septiembre, septiembre.
Lloran los niños en su primer día de colegio, huelen a colonia fresca, a goma de borrar, a lapicitos de colores, lloran todos los miedos juntos esperando al  arco íris. Los perros callejeros se hermanan con el barro, en la esquina alumbra la farola rota, el cubo de la basura tiene cuatro dueños...
Septiembre, septiembre, septiembre
No me abrocha el vestido de los domingos, el humo del cigarro me desdibuja la sonrisa, los zapatos de tacón son el último paso hacia el fracaso, tengo un novio cyber, una carrera en las medias, una pregunta sin respuesta,  una luna al fondo del pozo, un poema endecasílabo, un perro, ningún futuro...
Septiembre, septiembre, septiembre, septiembre...
La radio grita en francés, el otoño  tiene prisa, escribo del revés tu nombre para entenderte,  las palabras se esconden en el dobladillo de la alegría, las hojas de mi diario juegan a las cuatro esquinas, pronto, la higuera desnudará sus ramas grises, borro los garabatos de humo que deja la duda en mis pupilas.
Quiéreme al menos hasta que acabe septiembre, septiembre, septiembre, septiembre, septiembre...



miércoles, 7 de septiembre de 2016

Te cuento un sueño... relato para el jueves





-Pesadilla-

Cuanto desorden... Pregunté dónde podía colocar mi chaqueta. Era una visita corta, iba a recoger al pequeño que jugaba en el jardín.
Se amontonaba la ropa en todas las habitaciones como si estuvieran de mudanza. Me llamó la atención  que sobre unas sillas aún quedaba ropa de mis padres fallecidos ya hace muchos años,
Por un momento ella dejó su tarea de limpieza y nos asomamos al jardín observando cómo a lo lejos, el niño junto a una de sus hijas, jugaba al escondite detrás de unos setos.
Avanzó como para ir a su encuentro pero a mitad del camino, al borde de un estanque, se puso a vomitar. Yo la observaba de lejos.
El vómito cada vez era más intenso, más oscuro, más aterrador pues  de su boca salían vísceras, tripas que caían al agua en caños, tiñendo y atascando el lago,
Acudimos asustadas su hija y yo a mirar de cerca aquello que había salido de su boca, caminábamos por una vereda que cruzaba el estanque, vereda que se estrechaba conforme avanzábamos.
Ya las tripas habían formado una trama como de ramas y verdina, algas con extrañas figuras que íbamos comentando: !Mira, parecen  troncos, una cabeza de cocodrilo, serpientes saliendo a respirar...! 
Mis pies cada vez pisaban menos tierra y más se llenaban de ese cieno que bordeaba el camino. 
No llegaba a recoger al niño que estaba al otro lado, el móvil comenzó a sonar y yo hacía equilibrios para no caer al agua...
El teléfono sonaba y sonaba. Me despertó. Era el de mi casa.

jueves, 28 de julio de 2016

Este jueves...La historia que se esconde tras el balcón


(Foto de Leonor Montañes)


Cuando los niños apedrearon el balcón, agradecí la música de los cristales rotos, la bocanada de anochecer que traspasó el umbral, el levante hurgando por los rincones…
Aquí huele a olvido, la tristeza sin visillos  traspasa los días, todos los días sin respuestas soportando las historias de mi historia sin poder corregir los renglones torcidos.
Es triste ser tan sólo la sombra de la duda, la tela de araña que divide las estancias del recuerdo, el hilo que zurce la culpa, el tumulto de los silencios, el crujir de la madera que nadie entiende, la muerte que anida en la carcasa de un reloj sin horas… Todo eso soy yo, todo cabe al trasluz de una leyenda.
Mi nombre está escrito en el polvo de los huecos pero nadie lee entre líneas.
Nunca supo la familia Lazaga que yo habitaba la memoria de aquellas paredes blancas,  que me quedé formando parte del quejido del invierno, del olor de los jazmines, del eco del aljibe, atrapada en los barrotes del balcón entre la cal y el tiempo, respirando al unísono con el miedo de los niños que creen en los fantasmas...
Hoy los jaramagos han echado raíces en las grietas. La casa se derrumba.

Qué silencio hay en la calle… 

jueves, 21 de julio de 2016

Este jueves: ACCESIBLE VERSUS INACCESIBLE

-Ella es mi prima de la que me siento muy orgullosa. Os dejo parte de una entrevista  que hizo  ABC-


María José Moya: «Sin piernas, yo bailo con los ojos, con el alma, ¡con todo!»

«Si había enterrado el sueño de ser actriz, ¿adónde iba a llegar con el baile? Pues hoy sé que si deseas algo con la suficiente fuerza se cumple». «Yo soy coja, y ahora ni eso, porque voy en silla de ruedas, pero toda mi vida lo he sido. ¿Y para qué buscar otra palabra? ¡Qué complicado!»



Esta andaluza criada en Barcelona fue baloncestista paralímpica en Barcelona 92
Cuántas veces dijo «no será posible»?
-Con 7 años y muchas lágrimas enterré el sueño de ser actriz. Lo impactante fue que cuando el año pasado empecé con la danza volvió a aparecer la frase «ten cuidado con lo que sueñas». Yo ya bailaba, estaba haciendo los talleres de baile... Y eso estaba ahí. Llevaba siete años actuando en teatro amateurcon un grupo de Lleida, pero ahora sentía lo que es ser bailarina. Y si había enterrado el deseo de ser actriz, ¿adónde iba con el baile?, ¿cómo decir a mi familia que quería bailar? ¡Era el colmo! Pues hoy sé que si quieres algo y lo deseas con la suficiente fuerza se cumple el sueño. A mí me ha pasado.
-¿Qué le da la danza, la música?
-Vida. Es magia. Me encanta la frase «bailar es soñar con los pies». Pero también es analgesia, vitaminas...
-Y cuénteme, ¿cómo es la vida sin caminar?
-Es que si creces así ni te lo planteas. Con 18 meses me contagié con el virus de la polio. Había una gran pandemia y en España no se había instaurado aún la vacuna. Por mi enfermedad, mis padres decidieron emigrar desde su pueblo, cerquita de Sevilla, a Barcelona, que era donde me habían operado por primera vez. Allí me crié, conocí a mi marido y tuve a mis dos hijos. Intentas entrar en la vida laboral, y hablo de los años 70, cuando contratar a un cojo era aún más complicado, pero una vez que estás ahí empiezas a normalizarte, te independizas y no te cuestionas nada. Cuando tuvimos a nuestro primer hijo la familia se echaba las manos a la cabeza porque al salir de la clínica decidí irme a mi casa con mi niño y mi marido, que también va en silla de ruedas. ¿Y adónde creían que iba a ir, a casa de mi madre o de mi suegra a que me dieran sopitas? No, no, a mi casa y ya me apañaré. Tenía muy claro que tenía un hijo para ser responsable y no para seguir colgada de mis padres...

miércoles, 13 de julio de 2016





El reloj de cuco cantó las diez, o las cuatro, o las doce… se le olvidó al pájaro contar…
Lleva horas acariciándose el pelo de espaldas al espejo, se da miedo,  canta y olvida.
Es la misma nana de todos los días que cala hasta los huesos. Asomada a la ventana  troca  el aire por llanto y se olvida.
No acude a la llamada, su nombre y el eco ocupan la carcasa hueca de su mente, pero no responde y la olvidan.
Cada mañana yo recojo sus trozos, los voy cosiendo con mis besos para que no me olvide del todo.
Borrado está  mi renglón en su cuaderno, pentagrama de olvidos, nota muda.
No, no cuenta el cuco, seis, dos, once… malditas nueve letras. 

A-l-z-h-e-i-m-e-r.  

viernes, 8 de julio de 2016

Relato de jueves: Crucero





Ella  se dejó llevar, como siempre en su vida, dejándole al destino la responsabilidad de su tristeza.
Decir adiós desde la cubierta exagerando la alegría, posar desde el ángulo acertado en la foto del recuerdo y una vez pasado el horizonte, arrojar la careta al agua.
En la cubierta se han amotinado las estrellas. 
Las cuenta desde el rincón oscuro de sus preguntas. 
El silencio es un látigo que  ha roto el matrimonio  en mil pedazos.
Un intento más. No quieren darse cuenta que no hay hilo de sueños con que zurcir la rutina,  que desnudos de amor, no hay dónde alojar al  futuro.
Juntos se saben náufragos, juntos se tragan la certeza de éste último viaje.



jueves, 23 de junio de 2016

Relato de jueves: Miedos infantiles



Por nada me perdería yo  la visita a la casa de Abelardo.
Pagar una peseta era ya un crimen y encima nos hizo jurar que no desvelaríamos a nadie el secreto.  Nos guió como a borregos por el zaguán, a cuatro patas  para no ser descubiertos por su abuela-  Al fin y al cabo, el “secreto” era de su propiedad aunque quien  le sacaba rendimiento era aquel el niño que parecía tonto.
El pasillo interminable, el miedo nos dejaba desprotegidos.
A mí, que me gusta fijarme en todo, se me estaba haciendo ameno el trayecto, dos sillas de madera habitadas por polillas donde descansaban un bastón y un sombrero sin dueño.  El tatarabuelo, posiblemente vivo tras la sepia  de esos  cuadros de la galería, nos miraba sin  inmutarse. 
Nuestro recorrido silente no pasaba desapercibido para los gatos que por estar a su altura,  refregaban su lomo por nuestras pellizas llenándolas de pelos.
Y seguimos  en fila de a uno hasta que llegamos por fin al umbral de la puerta del cuarto oscuro.
Contuvimos la respiración, expectantes mientras con aspavientos, Abelardo nos hacía señas desde el otro extremo de la habitación.  Ya casi me estaba arrepintiendo de esa peseta regalada, total, ¿qué tan importante reliquia se podía esconder entre tanta telaraña?
El Pascual y la Juana miraban sin pestañear a esa cosa. Yo también miraba y miraba y miraba...
Un bote de cristal amarillento en cuyo interior flotaba un bicho o algo así, acurrucado, como tapándose los ojos. A ratos me parecía un muñequillo chico.
Mis compañeros le insistían  para que abriese el bote y le dejase escapar.  ¡Está muerto, idiotas!
Fue la luz de la linterna que enfocaba  al tarro la que me hizo dar un salto hacia atrás preso del pánico cuando tropecé con unos pies helados que asomaban bajo unas sábanas. Sin pensar siquiera  que mi grito podía delatarnos, dije amen, amen, amen, amen... Tal como me había enseñado mi madre cuando pasaba un entierro por la puerta.

La abuela de Abelardo coleccionaba cadáveres.


jueves, 16 de junio de 2016

Este jueves: "Campaña política"



A Simón le habían hecho un traje nuevo, con hombreras que le hacían parecer más alto y más cuadrado. 
Que su aspecto acojonara un poco, ésa era la idea para la campaña. (La orden vino de arriba)
En la plaza todo estaba preparado, dos banderolas ondeaban en la casa del tío Paco y la colcha del ajuar colgaba del balcón de Gertrudis la solterona.
Los cuarenta y seis vecinos del pueblo se habían vestido de fiesta.
La madre se Simón  llevaba días haciendo rosquillas de anís con las que agasajar a los votantes el día señalado.  Todo estaba a punto.
Los alcaldes de los pueblos limítrofes fueron llegando a lo largo de la tarde. 
Los casi cuarenta grados del sur del sur, no fueron impedimento para apoyar su candidatura...
Simón suda a chorros. Lo rodean tres matones contratados para la ocasión. 
Las octavillas aún huelen a tinta, vuelan sobre las cabezas de los presentes y sólo algún privilegiado que sabe leer, aplaude las propuestas.
Las siglas pintadas de oropel se destiñen entre los dedos quedando el partido huérfano de título.
A corazón abierto no se puede, le dijeron. 
Y a Simón le fueron despedazando las ideas hasta que le sangró la palabra.
Las alimañas ocuparon el estrado.

Volvió a ganar el enemigo.

miércoles, 8 de junio de 2016

Este jueves: "Crear y definir con detalle un personaje literario "




Era esa hora imprecisa en la que el sol busca cobijo, cuando le vi acercarse por aquella calle teñida de magenta. Entorné los ojos para hilar los años que nos habían separado.
De lejos casi no se apreciaba la leve cojera que le había dejado como recuerdo aquella travesura de cuando era niño. 
El mismo ceño fruncido, el mismo tic nervioso que le hacía de la sonrisa una mueca extraña.  Larguirucho y desgarbado, mirando de frente, con su enigmático cuadernillo bajo el brazo.
Miguel y su eterna displicencia, Miguel y su mundo hecho de retales, Miguel y sus silencios se acomodaron en la mesa del fondo frente a una taza de café.
Le seguían cayendo los rizos despeinados por la frente y su mecánico gesto de apartarlos una y otra vez no habían cambiado. Miguel y el azul prusia de sus camisas, su perfume caro, su olor a tabaco de contrabando…
Puntual y nervioso por mi tardanza, dibujaba con el índice una espiral en una servilleta de papel.
Fue un encuentro helado, midiendo las palabras, enterrando cualquier atisbo de añoranza. Evitamos mirarnos a los ojos por no delatarnos.
En mis manos temblaba un sobre con las instrucciones y una considerable cantidad de dinero.
En su tarjeta de visita  se podía leer “HITMAN”… pero yo, bien lo sabe Dios, no sé inglés.




miércoles, 1 de junio de 2016

Relato de jueves: "La bitácora de un náufrago"



Yo sabía que “La Boreal” no aguantaría mucho.  Cáscara de nuez a bajo precio para inmigrantes. -Total, no tienen mucho que perder.- me dijo el armador cuando me propuso el destino, sabiendo que para mí,  la muerte era un regalo.
La marea comenzó al amanecer del 9 de junio de 1902.  La tripulación, escogida al azar, hombres  de pocas preguntas y menos exigencias, medidos por su pobreza y sus mapas desiertos de destinos.
Hacinados y mudos, los niños guardaban en su asombro la tristeza inexplicable del viaje. No sé si la vida se alargará tanto como los días de hambre.
…Y fueron demasiados días ajustando coordenadas, luchando contra el viento mientras el desgaste humano asomaba  por las pupilas sin fuerzas, soportando el llanto de las mujeres y el aturdimiento febril de los débiles. 
El racionamiento de las esperanzas dejaba un agujero en el alma  más doloroso si cabe que la falta de alimento…
Inevitablemente nos perdimos por un camino de agua sin orillas.  Hasta la luna  inconstante se miró en los charcos que dejó la última tormenta.  El casco de “La Boreal” crujió y las astillas  subieron sangre arriba.
Hoy el salitre me roe los labios como un beso de la muerte.
Pero la muerte me vomitó en ésta orilla sin coordenadas.
Setenta y dos días se ha puesto el sol detrás del horizonte, setenta y dos heridas descontadas a mi  tiempo de náufrago.


jueves, 26 de mayo de 2016

Este jueves un relato desde el Museo de Bellas Artes de Sevilla



Es el eco el que juega en éstas habitaciones vacías. Mis pasos se arrastran igual que la escoba por el mármol de las estancias.  
Ya se apagaron los cientos de ojos que transitaron por los lienzos en las horas de visita, ahora el silencio y yo nos quedamos a solas con la palidez de la señora del cuadro.
Yo siento que me sigue con la mirada, siento que escucha mis soliloquios y hasta se compadece del dolor de mis huesos mientras  paso la aljofifa por el suelo.
El niño parece querer salirse del cuadro, a veces yo extiendo mis brazos ofreciéndome a cogerlo. La Virgen de la Servilleta que pintara Murillo, es el alma que respira conmigo cada noche.
Comparto luces y sombras con Zurbarán, Velázquez o El Greco, me escondo  por los rincones del Museo de Bellas Artes  hasta que el sol llama a la puerta  y el vigilante comienza su ronda en el Patio del Aljibe.
Me da los buenos días con la complicidad de quien no quiere saber…
Me aliso el uniforme y la sonrisa y  respiro  aliviada bajo el Claustro de los Bojes.
Las diez. Cientos de ojos se pierden por las galerías buscando la belleza. 
Yo no entiendo de arte.  Sólo soy la señora de la limpieza.


lunes, 23 de mayo de 2016

"El vuelo de los vencejos"

-He ganado el tercer premio de micro relatos de Aranda del Duero-
Partiendo de una frase de la obra "El miedo" de Ramón del Valle Inclán.





"Tuve miedo como no lo he tenido jamás, pero no quise que mi madre y mis hermanas me creyesen cobarde..." 
Recordé las palabras últimas de mi padre clavadas en mi entendimiento: “los hombres no lloran” Y yo no quería ser un hombre.
Sin llorar, subí hasta el último piso. El aire ejecutaba una danza macabra entre los visillos.
Fuera, los vencejos, dibujaban un pentagrama en la tarde, atribulados, calculando el vuelo, como yo. 
Cerré los ojos y me dejé caer.
La sangre no me diferencia. Es mi envoltorio el  equivocado.

Escribid un epitafio valiente porque no quise ser lo que los demás querían que fuese. 

jueves, 31 de marzo de 2016

Relato de jueves: ¡Peligro. Primavera suelta!




He gastado todos los ahorros en acristalar la casa, de manera que sea una ventana al mundo pero que el mundo no pueda hacerme sombra.
He mandado afinar el piano, las estanterías están repletas de libros, de colecciones de sellos, de cromos, de monedas, los discos de vinilo cuidadosamente almacenados, los álbumes de fotos antiguas apilados por orden cronológico, la lista de los “estudio 1”  (esas obras de teatro en blanco y negro, que me harán retroceder cuarenta años para disfrutarlos  por enésima vez)
Me voy a permitir todos los caprichos, incluidos kilos de chocolate que pasarán de la despensa a mi cintura cuando acabe mi encierro.
Para que la alegría de la estación se haga presente en mis habitaciones, he vestido de tulipanes  las cortinas, las sábanas, los manteles…
Mañana empieza la primavera fuera de mis dominios.
He declarado la guerra al polen.  Mis armas están afiladas, nada que temer.
La vida respira dentro mi burbuja sesenta veces por minuto.


sábado, 26 de marzo de 2016

Insomnio II




El café se ha enfriado. Los gatos miran la lluvia detrás de los cristales y el frío tulle mis huesos.
He contado las losetas de la habitación desde todos los ángulos, bien  sé de las grietas que envejecen al mármol. 
Los fantasmas que habitan mis cuatro paredes han cerrado los ojos para no verme. 
El iris se ha mudado de color. No me reconoce el espejo.
Estoy preso en la esfera del reloj. Busco  la libertad desmenuzando los minutos y solo  consigo llenar mi cuarto de horas caducas.
La música del violín de Aldrich se cuela por las rendijas de la puerta.
En la habitación de enfrente siempre hay concierto  para los insomnes, para los solitarios, para los que patean la calle revolviendo en las basuras, para las mujeres de la vida, los ateos, los desahuciados, los locos sin diagnosticar…
La contraseña que empuja la puerta para compartir el desvelo, es una botella de alcohol barato.  La noche se enciende  con luminarias engañosas.
Cruzar el pasillo de ésta pensión es como atravesar el mundo. Yo no sé bien a que colectivo pertenezco. No sé si quedará sitio para un poeta siquiera.

No hay prisa. La mañana nos sorprenderá borrachos de sueños.

miércoles, 23 de marzo de 2016

"INSOMNIO" para un relato de jueves






La luna llama insistente a los cristales. Me duelen los ojos de apretar la noche, de invocar al sueño.  
Vigilia de las sombras que acechan mi cama.
A sorbos me bebo el miedo que nada en el vaso de agua. 
Oigo  como llora la madera de mi armario y como un eco, el crujido suena en la mecedora. 
Balanceo mi insomnio con la esperanza de agotar las horas. 
Fumo mi tercer cigarrillo y el humo dibuja preguntas en las paredes.
Sobre la mesilla de noche, el último libro de poemas, las llaves de la conciencia, los mensajes cifrados de tu recuerdo, la candileja  que alumbra el llanto, la cajita de la rabia, las gafas de no ver, el reloj despojado de tiempo...
Dormir, dormir, dormir... canta el cuco. Cuenta el cuco conmigo las ovejas, cientos de miles que huyen con la alborada de mis ojos abiertos.
La luz se cuela por esta primavera recién estrenada iluminando mi cuarto,  acentuando mis ojeras, alojándose bajo mis párpados sin pedir permiso.
Envejece mi desnudez ante el espejo mientras los fantasmas de tu risa se alejan por el pasillo.

Otra noche hecha cenizas.  

jueves, 17 de marzo de 2016

Este jueves un relato: (Inspirado en una foto hecha por Cass) "A ras del suelo"



A ras del suelo


No. Ya no puedo más. Estoy al otro extremo mirando la vida de lejos.
La vida que me tocó vivir a tu lado, a cien metros del suelo, tragando el azul equivocado de las paredes, la música del ascensor que se paraba siempre en el piso sesenta y tres, la urgencia de los atardeceres transitando por la cocina y las noches descontando el amor que pasa por tus relojes de arena.
No. Ya no puedo más.
No llegué a acostumbrarme  al dulce vértigo de asomarme a la ventana buscando inútilmente el vuelo de los pájaros.
El eco del horizonte guardado en mis pupilas  es un ocupa innecesario que me desaloja la alegría.
No. Ya no puedo más.   
Allí arriba se siguen  escribiendo las palabras con humo, se gritan alto para oídos sordos… Con lo fácil que es susurrar en la piel con una caricia.

A ras del suelo, sólo nos separa el esperpéntico abrazo de las acacias.

viernes, 26 de febrero de 2016

Este jueves, te cuento una travesura



Miré al reloj de la torre, el tiempo se había detenido, como si la prisa se hubiese escondido detrás de los números romanos,  la esfera se había  cuarteado  dando una imagen de vejez casi humana, con los minutos y segundos  llenos de arrugas.
El sol pesaba sobre la uralita, sediento, a 45 grados a la sombra.
Así eran las siestas de mi niñez. Toda la casa descansaba menos los animales y yo.
Las gallinas haciendo malabares en el palo soportaban la calima con sus picos abiertos. Un aleteo del gallo ponía en alerta al corral cuando yo abría la cancela y me adentraba en sus dominios.
Llevaba en las manos a modo de señuelo, el afrecho y el trigo que se guardaba en el granero. Primero les llenaba el buche, luego, al descuido, las cogía bajo el brazo y les iba arrancando las plumas más vistosas.
El gallo, más de una vez se me enganchó al pelo clavando sus espolones y resistiéndose a ser despojado de sus atributos más llamativos para encandilar a las ponedoras.
La batalla se saldaba con unos cuantos picotazos y  diez o doce plumas a mi favor, que servirían para confeccionar mi gran cabellera de jefe indio.
Las cinco. La siesta no se acababa aún.
Los gatos apurando el fresco en el empedrado del patio, dormitaban ajenos al revuelo del gallinero.
Me aburría y entonces recurría a la peluquería. Primero el flequillo, ras, ras, ras, la frente despejada del todo  y después, aprovechando el duemevela de los gatos, recortaba sus bigotes al milímetro. ¡Que tontos, ni se inmutaban!
Sólo que al despertar, iban dando tumbos desorientados tropezando con todos los cachivaches de la casa.

¡Que contentos deberían estar mis padres de que no les molestara en su descanso!
¿O no?


viernes, 19 de febrero de 2016

Este jueves fue su cumpleaños





Hoy es su cumpleaños. Son las cinco de la mañana. El duerme. Todo duerme, menos el mar.   Mi cómplice de sal.
Descalza para no hacer ruido atravieso nuestro cuarto. -Cuando digo “nuestro cuarto” un escalofrío me recorre la piel de los sentimientos.-
Por los cristales de la ventana  viene la madrugada  derramándose en gotitas de escarcha.  El frío se apellida febrero. Y yo soy un duende...
Mis ojos se hacen oscuridad  para no delatarme mientras le miro.  
Respiro al unísono en un intento de ser su aire.  
¡Nunca sabrá como le quiero!
Me alejo de puntillas mientras se acerca mi imagen al espejo del baño. 
Con carmín, dibujo un corazón en el cristal. 
Mi primer corazón envuelto en ternura para su regalo.  Nada material puedo darle yo cuando se despierte.
Miro desde la puerta... no quiero que se de cuenta que no estoy a su lado, tan temprano.   
Si roza la almohada y no me encuentra ¿creerá  que no me tuvo nunca?
Duerme...  
Mientras, sigo a oscuras recorriendo la casa, dejando en cada rincón  algo de mi, para él.  
Imagino su risa  al comprobar que en lugar del azúcar, en el azucarero solo hay una nota insinuante.  
Vendrá a despertarme y si lo hace, inevitablemente, llegara tarde  al trabajo.
El sol vendrá a  robarnos la última caricia, pero no importará,  ya no importará  porque el mar, su mar, habrá  inundado de amor mi orilla vacía.



martes, 16 de febrero de 2016

Palabras de Sindel: "Todo cambia"




                                          

Pozo ciego éste febrero

donde brota una primavera equivocada.

Tras los cristales del agua
estallan los almendros a destiempo.

Alerta el azahar  en los naranjos,
celebrando el desahucio de la luz.

Duelen la belleza y el engaño
de éste invierno raro.

¿Quién cortó los hilos de la cordura?

Rueda el mundo por mis pupilas

Como una marioneta sin amo.




(Las fotos corresponden a la torre de la Iglesia de Santiago de Villanueva del Río, mi pueblo)

jueves, 11 de febrero de 2016

Este jueves convivimos con seres del mas allá

“Las voces de los ausentes se quedan tatuadas en el alma.
Solo hay que tamizarlas desde el dolor
para hacer más llevadero el silencio”.




Duele tanta calma. La lluvia talla en los cristales los últimos rezos antes de vaciar la casa del todo.
El eco ocupa los cajones  cuando se cierra la puerta.  La alegría  resbala por las costuras del vestido malva, cayendo, como tú, a la tierra.
Los pañuelos de seda desalojados de tu perfume, ya no abrigan las tardes de ningún abril. Rara primavera sin las celindas de tu risa…
Sólo hay silencio, esa alimaña que despedaza mis días, va alejando tu voz irremediablemente.
Vives en mis soliloquios, mamá, como un aroma de canela que trasmina mis versos.