lunes, 16 de enero de 2017

"Las raíces de mi árbol"


-Primer premio de micro relato Ciudad de Melilla, diciembre 2016-




"Adorné el árbol con todas las cosas que la vida me dio en éste año que agoniza.
Arriba del todo, una estrella, invisible, pero  que llena de luz todos los rincones. Es mi madre que se fue en primavera.
Más abajo, seis campanillas, son los niños que dan savia a la alegría, los últimos nacieron en mayo para poner música a los silencios.
Cuelgan cintas doradas con las que se ata el cariño sincero, mi familia, mis compañeros,  mis amigos de la infancia, mis  maestros, mis vecinos…
Lazos de colores de toda la gente  que conocí en estos 375 días, que se asomaron a mi vida por un instante, por unas horas, por unos días…
Hojas de plata  llenas de  versos escritos con tinta de todos los lugares, de norte a sur, de éste a oeste del universo.
Bolas de charol azul  dónde ruge el mar, rojas dónde estallan los sentimientos. Guirnaldas  blancas haciendo  guiños con la intermitencia de quien no quiere cerrar las ventanas a lo imprevisto.
Lo más valioso que tengo  lo dejo al pié, es un corazón de serrín. El mío.
En él, los caminos se trazan o se borran sin hacer ruido.
Ven para quedarte, o pasa de puntillas, llega para darme amor, llévate lo que necesites,  señálame con tus alegrías, tíñeme con tus tristezas, borra o bifurca las veredas,  disuélveme cuando te dañe,  trázame el perfil de los sueños, alísame las dudas, transítame a cualquier hora porque mi corazón, ya ves, no tiene puertas."



miércoles, 11 de enero de 2017

Juego de niños para este jueves de relatos








Guardaba en una cajita de latón algunos tornillos  y un puñado de puntillas oxidadas de las que mi padre iba desechando en su carpintería. A regañadientes me prestaba las herramientas, un martillo, un destornillador y poco más. “Anda niña, tú ve a jugar con las muñecas, déjate de inventos”…Así terminaba la conversación sin dejar que le explicara mis planes.
Pero es que yo quería hacerme un carrillo de madera para poder competir con los chicos del barrio y tirarme cuesta abajo por el terraplén del Palmarillo. 
Para eso necesitaba unas tablas, unas ruedas y más maña que fuerza (porque que yo era endeble como un junco)
Las niñas no juegan a esas cosas, me decían mis amigas, repeinadas y limpitas. Yo, en cambio, tenía enredadas las trenzas, los calcetines enrollados y las rodillas llenas de moratones.
A mí me gustaba el niño de la callejuela y yo le gustaba a él, así de desastrosa, lo demás importaba poco.
El día señalado para la carrera, llovió como si se hubiese rasgado el cielo, el barrizal nos atascó las ruedas de los carros y tuvimos que desistir.  Los cacharros de madera fueron requisados por el “gobierno” (o sea, mi abuela, que no sé cómo se enteró del evento)
Me tocó sentarme alrededor del fuego a bordar flores en pañuelos de lino, por muchos días, tantos, que sin darme cuenta me había convertido en una señorita rancia.
Atrás quedaron las contiendas, los barcos de papel bajando presurosos por las regueras, los indios que ganaban las batallas, los carros  y sus tornillos oxidados abrazando la madera…
También cambié de novio,  aprendí a pintarme los labios, a escribir poemas, a teñirme los sueños y a sonreir como si no pasara nada…

jueves, 5 de enero de 2017

Baltasar



Baltasar tiene frío. Ensaya la sonrisa mientras el humo le desdibuja la tristeza, Ajeno está de ser el rey esta noche.
Las luces van talladas en sus ojos, la prisa no sabe de su origen.
Lleva doce horas en la orilla de éste mar de cemento. Su último paquete de pañuelos no encuentra dueño.
Senegal está cosido a sus harapos. Negra distancia.
Lleva en su mochila  abrazos envueltos para regalo... Aún estoy a tiempo de escribir mi carta a los Reyes Magos.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Este Jueves, vamos a cambiar el cuento




Hoy es el día de la graduación. El hermano mayor de tres Cerditos, ha terminado la carrera de arquitectura.
Será un alivio para la familia que sufre el acoso constante del desahucio. Dicen que detrás de toda esta desgracia está el lobo.
Años de esfuerzo y calamidades  revolcándose en el barro y tratando de enseñar a los pequeños el valor de las cosas.
Cerdo mediano nunca entendió bien eso de la propiedad, él era "culillo de mal asiento" un día aquí, otro allá, de cochinera en cochinera, sin oficio ni beneficio, músico y poeta, total, nada.
Cerdo pequeño, endeble de espíritu, débil de fortaleza, se dejaba arrastrar al mejor viento, era un "mandado"
¡Chicoooo, trae ladrillos, chicooo, trae tejas, chicoooo, trae cemento, los permisos de obra, la cuba para el escombro, la firma del notario, el registro de la propiedad, las letras del banco la hipoteca bonificada  a sesenta años...
Cerdo mayor está agotado de mendigar trabajo. Su diploma bajo el brazo, sus ganas rebosantes, su juventud caducándose, sus esperanzas en exilio... sin  experiencia,  ninguna empresa le da una oportunidad.
En el escampado del cuento, construye un hogar para los tres cerditos lo suficientemente sólido como para que el lobo no pueda atravesar su tranquilidad soplando argumentos inútiles.
Al tiempo que crecía su fortaleza, creció su fama como arquitecto, los mandatarios se rifaban a Cerdo mayor para sus proyectos, ofreciéndole comisiones millonarias.
Cerdo mediano aprendió a tocar al son del partido corrupto componiendo la "sinfonía para ladrones" llegando a ser Nº 1 de los cuarenta principales.
El cerdo pequeño sigue de "mandatario" tan ricamente.
Y vivieron felices porque la conciencia, la honradez, se les quedó en el último renglón de la página que la censura arrancó de cuajo.

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lunes, 31 de octubre de 2016

HALLOBLOGWEEN: "Criaturas de la noche"





Por esta noche no callarán los lamentos, seguirán latiendo las paredes,  martilleando cada vez mas fuerte, estrechándose milímetro a milímetro hasta fundirse en un abrazo conmigo, ahogándome en una muerte dulce.
A oscuras, oigo una respiración justo detrás de mi nuca, el aliento me taladra, caliente y húmedo acaricia mi cuello acentuando la caricia hasta el límite de la agonía.
Al girar la cabeza,  la bestia al acecho de mi debilidad, derrama su semen agrio sobre mis hombros y chorrea pegajoso hasta mi pecho...
Mi disfraz de criatura de la noche no me cubre la verguenza y al final me delata mi adicción al cine porno.
Cuando se encienden las luces, como zombies, los viciosos, salimos a la calle escandalizando a "los normales".

jueves, 27 de octubre de 2016

La puerta de paso a un nuevo Jueves.




La puerta sin cerrojos dónde se guarda el tiempo, comparte con la carcoma un lugar de paso a mi niñez,
Los goznes chirrían cuando la empuja mi recuerdo, más como una caricia, pidiendo permiso para entrar.
Al otro lado, la guarida de los gatos callejeros, la perfección de la tela de araña como un laberinto sin salida, el sol inconcluso dibujado en la pared como un garabato torpe, los escalones del patio por dónde baja la lluvia de octubre,..
El verde roto a pinceladas antiguas y bajo el verde aún respira la madera de pino tallada por la garlopa del carpintero.
Mi padre era artesano de la madera, artesano de silencios, artesano de ilusiones, artesano de lo imposible. Por sus manos pasaba la vida transformándose.
De este lado, las arrugas en la piel, las luminarias de la cara oculta de la luna, la cábala incompleta, los peces de barro a contracorriente, la jaula de las estrellas fugaces, los besos de hierbabuena... Yo.
Entre el umbral y el dintel, la palabra.


jueves, 6 de octubre de 2016

Este jueves, homenajeamos a los profesionales de la medicina..

230.



Gracias a la vida

No sé quien movió los hilos esa noche, pequeño mío...
Catorce de mayo, 2013 en el Hospital Universitario Virgen Macarena, el personal de paritorio estaba pendiente de la única paciente que, primeriza,  llevaba horas masticando el dolor.
Incertidumbre y espera en los silenciosos pasillos.
Mientras, la matrona con sonrisa de ángel y el médico de turno esa madrugada, decidieron ayudarte a ver la luz, trazando un horizonte en el vientre de tu madre.
Una cesárea es la herida que con mas orgullo se lleva para no olvidar la hermosa batalla dónde se gana una nueva vida.
Fuiste la luz de aquel quirófano, el cómplice de toda la ternura de aquellos profesionales que te llenaron de caricias, de piropos, de buenos augurios....
Así fue, Alvaro, tu entrada al mundo.
Gracias a todos, hombres y mujeres que ponéis vuestros conocimientos y vuestro cariño al servicio de la humanidad.

jueves, 29 de septiembre de 2016

Este jueves: Cocinando recuerdos





Mientras mi madre me hacía una tortilla sin huevo, (sólo las madres son capaces de hacer magia en la cocina) yo esperaba en el patio atenta a la hilera de hormigas que recorría de parte a parte el arriate de la hierbabuena.

En la mesa de los pobres la imaginación siempre era la invitada de honor.
Así crecí yo, creyendo que mi vaso de leche era la luz de  luna que de noche se filtraba por la enredadera, que las rosquillas que hacía mi abuela eran zarcillos de duendes, que si cerraba los ojos, los garbanzos jugaban a las cuatro esquinas en mi barriga plana...
Los domingos mi casa olía a caramelo de azúcar, a gachas con canela a mermelada de tomate a café de puchero a carbón de hulla, (negro inquilino que sin pedir permiso se fue alojando en los pulmones de mi padre cada día que bajaba a la mina)
Siempre era día de fiesta en el hule de colores, en las servilletas con las iniciales bordadas, en el escaso ajuar de porcelana y en los cuchillos para cortar sinsabores. Siempre vivió la alegría al trasluz de la escasez, allí dónde mi madre elaboraba las mejores tortillas sin huevo del mundo.
De ella heredé la receta y mis hijos la heredarán a su vez.
Ellos aún no saben que cuando la inocencia se arranca de cuajo, los sabores de la infancia se tornan amargos...
Para eso estoy yo, para borrar del recetario del tiempo los ingredientes que sobran en la despensa del alma.

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martes, 27 de septiembre de 2016

Finis Terrae



                                         


 ( Mi relato Finis Terrae, finalista en el certamen de relatos  Mujeres Viajeras, se incluirá en el libro de la VIII edición)


Antes de que el tiempo convierta en astillas la memoria y las palabras sean vestigio de un naufragio, tu naufragio por mi vida, quiero desandar en el papel, los pasos de nuestra huída.
Descontando los días felices, ya sólo quedan los escombros de la costumbre. Decididos a cambiar la rutina, planeamos nuestro último viaje.
Sin rumbo para que la vida nos sorprendiera, guardamos el rencor en un rincón de la maleta con la promesa de desterrarlo poco a poco.
Al alba nos pusimos en marcha, el sol doraba las lomas de los trigales.
Junio. Sevilla.
El tren aligera el tiempo dejando la campiña como un borrón en el paisaje. Córdoba huele a piñonate y nos abre sus puertas con un llamador de arcángeles. La luna derramada en los patios acuna a los geranios. Canta el agua.
Vamos de paso, unas veces a salto de caballo otras con movimiento de alfil, como en un gigantesco tablero de ajedrez, calculando la jugada para no herirnos más.
Todo va tan de prisa…El eco nos pregunta, pero nuestro silencio cae barranco abajo por las simas azules de Despeñaperros.
Madrid nos traga por unos días, pero huimos desde el mapa de bolsillo y echando a suertes el destino, la brújula señaló más al norte,  un pueblo abandonado de León,  Los Montes de la Ermita.
Hasta allí nos arrastró el olvido,  el olor del heno, el luto de los tejados de pizarra, los chillidos  de los vencejos al anochecer, el pulso de las piedras, la sonrisa de los viejos que borraron el calendario…
El rencor, amargo, nos sirvió de alimento por muchos días. Cada vez nos pesó menos el equipaje y más los miedos.
Cuando el invierno blanco bajó por los senderos, pusimos  rumbo al mar…
Huyendo, sólo huyendo de nosotros mismos, anclamos nuestros barcos de papel allí donde el atardecer es como una herida en el horizonte.
Vimos precipitarse el sol en el agua cada día y asistimos al milagro del amanecer en el Cabo de Finisterre.
Náufragos a destiempo, desmenuzamos la noche y la vida con la certeza de lo inevitable.
En la Costa da Morte, suenan a llanto las caracolas.