jueves, 23 de junio de 2016

Relato de jueves: Miedos infantiles



Por nada me perdería yo  la visita a la casa de Abelardo.
Pagar una peseta era ya un crimen y encima nos hizo jurar que no desvelaríamos a nadie el secreto.  Nos guió como a borregos por el zaguán, a cuatro patas  para no ser descubiertos por su abuela-  Al fin y al cabo, el “secreto” era de su propiedad aunque quien  le sacaba rendimiento era aquel el niño que parecía tonto.
El pasillo interminable, el miedo nos dejaba desprotegidos.
A mí, que me gusta fijarme en todo, se me estaba haciendo ameno el trayecto, dos sillas de madera habitadas por polillas donde descansaban un bastón y un sombrero sin dueño.  El tatarabuelo, posiblemente vivo tras la sepia  de esos  cuadros de la galería, nos miraba sin  inmutarse. 
Nuestro recorrido silente no pasaba desapercibido para los gatos que por estar a su altura,  refregaban su lomo por nuestras pellizas llenándolas de pelos.
Y seguimos  en fila de a uno hasta que llegamos por fin al umbral de la puerta del cuarto oscuro.
Contuvimos la respiración, expectantes mientras con aspavientos, Abelardo nos hacía señas desde el otro extremo de la habitación.  Ya casi me estaba arrepintiendo de esa peseta regalada, total, ¿qué tan importante reliquia se podía esconder entre tanta telaraña?
El Pascual y la Juana miraban sin pestañear a esa cosa. Yo también miraba y miraba y miraba...
Un bote de cristal amarillento en cuyo interior flotaba un bicho o algo así, acurrucado, como tapándose los ojos. A ratos me parecía un muñequillo chico.
Mis compañeros le insistían  para que abriese el bote y le dejase escapar.  ¡Está muerto, idiotas!
Fue la luz de la linterna que enfocaba  al tarro la que me hizo dar un salto hacia atrás preso del pánico cuando tropecé con unos pies helados que asomaban bajo unas sábanas. Sin pensar siquiera  que mi grito podía delatarnos, dije amen, amen, amen, amen... Tal como me había enseñado mi madre cuando pasaba un entierro por la puerta.

La abuela de Abelardo coleccionaba cadáveres.


jueves, 16 de junio de 2016

Este jueves: "Campaña política"



A Simón le habían hecho un traje nuevo, con hombreras que le hacían parecer más alto y más cuadrado. 
Que su aspecto acojonara un poco, ésa era la idea para la campaña. (La orden vino de arriba)
En la plaza todo estaba preparado, dos banderolas ondeaban en la casa del tío Paco y la colcha del ajuar colgaba del balcón de Gertrudis la solterona.
Los cuarenta y seis vecinos del pueblo se habían vestido de fiesta.
La madre se Simón  llevaba días haciendo rosquillas de anís con las que agasajar a los votantes el día señalado.  Todo estaba a punto.
Los alcaldes de los pueblos limítrofes fueron llegando a lo largo de la tarde. 
Los casi cuarenta grados del sur del sur, no fueron impedimento para apoyar su candidatura...
Simón suda a chorros. Lo rodean tres matones contratados para la ocasión. 
Las octavillas aún huelen a tinta, vuelan sobre las cabezas de los presentes y sólo algún privilegiado que sabe leer, aplaude las propuestas.
Las siglas pintadas de oropel se destiñen entre los dedos quedando el partido huérfano de título.
A corazón abierto no se puede, le dijeron. 
Y a Simón le fueron despedazando las ideas hasta que le sangró la palabra.
Las alimañas ocuparon el estrado.

Volvió a ganar el enemigo.

miércoles, 8 de junio de 2016

Este jueves: "Crear y definir con detalle un personaje literario "




Era esa hora imprecisa en la que el sol busca cobijo, cuando le vi acercarse por aquella calle teñida de magenta. Entorné los ojos para hilar los años que nos habían separado.
De lejos casi no se apreciaba la leve cojera que le había dejado como recuerdo aquella travesura de cuando era niño. 
El mismo ceño fruncido, el mismo tic nervioso que le hacía de la sonrisa una mueca extraña.  Larguirucho y desgarbado, mirando de frente, con su enigmático cuadernillo bajo el brazo.
Miguel y su eterna displicencia, Miguel y su mundo hecho de retales, Miguel y sus silencios se acomodaron en la mesa del fondo frente a una taza de café.
Le seguían cayendo los rizos despeinados por la frente y su mecánico gesto de apartarlos una y otra vez no habían cambiado. Miguel y el azul prusia de sus camisas, su perfume caro, su olor a tabaco de contrabando…
Puntual y nervioso por mi tardanza, dibujaba con el índice una espiral en una servilleta de papel.
Fue un encuentro helado, midiendo las palabras, enterrando cualquier atisbo de añoranza. Evitamos mirarnos a los ojos por no delatarnos.
En mis manos temblaba un sobre con las instrucciones y una considerable cantidad de dinero.
En su tarjeta de visita  se podía leer “HITMAN”… pero yo, bien lo sabe Dios, no sé inglés.




miércoles, 1 de junio de 2016

Relato de jueves: "La bitácora de un náufrago"



Yo sabía que “La Boreal” no aguantaría mucho.  Cáscara de nuez a bajo precio para inmigrantes. -Total, no tienen mucho que perder.- me dijo el armador cuando me propuso el destino, sabiendo que para mí,  la muerte era un regalo.
La marea comenzó al amanecer del 9 de junio de 1902.  La tripulación, escogida al azar, hombres  de pocas preguntas y menos exigencias, medidos por su pobreza y sus mapas desiertos de destinos.
Hacinados y mudos, los niños guardaban en su asombro la tristeza inexplicable del viaje. No sé si la vida se alargará tanto como los días de hambre.
…Y fueron demasiados días ajustando coordenadas, luchando contra el viento mientras el desgaste humano asomaba  por las pupilas sin fuerzas, soportando el llanto de las mujeres y el aturdimiento febril de los débiles. 
El racionamiento de las esperanzas dejaba un agujero en el alma  más doloroso si cabe que la falta de alimento…
Inevitablemente nos perdimos por un camino de agua sin orillas.  Hasta la luna  inconstante se miró en los charcos que dejó la última tormenta.  El casco de “La Boreal” crujió y las astillas  subieron sangre arriba.
Hoy el salitre me roe los labios como un beso de la muerte.
Pero la muerte me vomitó en ésta orilla sin coordenadas.
Setenta y dos días se ha puesto el sol detrás del horizonte, setenta y dos heridas descontadas a mi  tiempo de náufrago.


jueves, 26 de mayo de 2016

Este jueves un relato desde el Museo de Bellas Artes de Sevilla



Es el eco el que juega en éstas habitaciones vacías. Mis pasos se arrastran igual que la escoba por el mármol de las estancias.  
Ya se apagaron los cientos de ojos que transitaron por los lienzos en las horas de visita, ahora el silencio y yo nos quedamos a solas con la palidez de la señora del cuadro.
Yo siento que me sigue con la mirada, siento que escucha mis soliloquios y hasta se compadece del dolor de mis huesos mientras  paso la aljofifa por el suelo.
El niño parece querer salirse del cuadro, a veces yo extiendo mis brazos ofreciéndome a cogerlo. La Virgen de la Servilleta que pintara Murillo, es el alma que respira conmigo cada noche.
Comparto luces y sombras con Zurbarán, Velázquez o El Greco, me escondo  por los rincones del Museo de Bellas Artes  hasta que el sol llama a la puerta  y el vigilante comienza su ronda en el Patio del Aljibe.
Me da los buenos días con la complicidad de quien no quiere saber…
Me aliso el uniforme y la sonrisa y  respiro  aliviada bajo el Claustro de los Bojes.
Las diez. Cientos de ojos se pierden por las galerías buscando la belleza. 
Yo no entiendo de arte.  Sólo soy la señora de la limpieza.


lunes, 23 de mayo de 2016

"El vuelo de los vencejos"

-He ganado el tercer premio de micro relatos de Aranda del Duero-
Partiendo de una frase de la obra "El miedo" de Ramón del Valle Inclán.





"Tuve miedo como no lo he tenido jamás, pero no quise que mi madre y mis hermanas me creyesen cobarde..." 
Recordé las palabras últimas de mi padre clavadas en mi entendimiento: “los hombres no lloran” Y yo no quería ser un hombre.
Sin llorar, subí hasta el último piso. El aire ejecutaba una danza macabra entre los visillos.
Fuera, los vencejos, dibujaban un pentagrama en la tarde, atribulados, calculando el vuelo, como yo. 
Cerré los ojos y me dejé caer.
La sangre no me diferencia. Es mi envoltorio el  equivocado.

Escribid un epitafio valiente porque no quise ser lo que los demás querían que fuese. 

jueves, 31 de marzo de 2016

Relato de jueves: ¡Peligro. Primavera suelta!




He gastado todos los ahorros en acristalar la casa, de manera que sea una ventana al mundo pero que el mundo no pueda hacerme sombra.
He mandado afinar el piano, las estanterías están repletas de libros, de colecciones de sellos, de cromos, de monedas, los discos de vinilo cuidadosamente almacenados, los álbumes de fotos antiguas apilados por orden cronológico, la lista de los “estudio 1”  (esas obras de teatro en blanco y negro, que me harán retroceder cuarenta años para disfrutarlos  por enésima vez)
Me voy a permitir todos los caprichos, incluidos kilos de chocolate que pasarán de la despensa a mi cintura cuando acabe mi encierro.
Para que la alegría de la estación se haga presente en mis habitaciones, he vestido de tulipanes  las cortinas, las sábanas, los manteles…
Mañana empieza la primavera fuera de mis dominios.
He declarado la guerra al polen.  Mis armas están afiladas, nada que temer.
La vida respira dentro mi burbuja sesenta veces por minuto.


sábado, 26 de marzo de 2016

Insomnio II




El café se ha enfriado. Los gatos miran la lluvia detrás de los cristales y el frío tulle mis huesos.
He contado las losetas de la habitación desde todos los ángulos, bien  sé de las grietas que envejecen al mármol. 
Los fantasmas que habitan mis cuatro paredes han cerrado los ojos para no verme. 
El iris se ha mudado de color. No me reconoce el espejo.
Estoy preso en la esfera del reloj. Busco  la libertad desmenuzando los minutos y solo  consigo llenar mi cuarto de horas caducas.
La música del violín de Aldrich se cuela por las rendijas de la puerta.
En la habitación de enfrente siempre hay concierto  para los insomnes, para los solitarios, para los que patean la calle revolviendo en las basuras, para las mujeres de la vida, los ateos, los desahuciados, los locos sin diagnosticar…
La contraseña que empuja la puerta para compartir el desvelo, es una botella de alcohol barato.  La noche se enciende  con luminarias engañosas.
Cruzar el pasillo de ésta pensión es como atravesar el mundo. Yo no sé bien a que colectivo pertenezco. No sé si quedará sitio para un poeta siquiera.

No hay prisa. La mañana nos sorprenderá borrachos de sueños.

miércoles, 23 de marzo de 2016

"INSOMNIO" para un relato de jueves






La luna llama insistente a los cristales. Me duelen los ojos de apretar la noche, de invocar al sueño.  
Vigilia de las sombras que acechan mi cama.
A sorbos me bebo el miedo que nada en el vaso de agua. 
Oigo  como llora la madera de mi armario y como un eco, el crujido suena en la mecedora. 
Balanceo mi insomnio con la esperanza de agotar las horas. 
Fumo mi tercer cigarrillo y el humo dibuja preguntas en las paredes.
Sobre la mesilla de noche, el último libro de poemas, las llaves de la conciencia, los mensajes cifrados de tu recuerdo, la candileja  que alumbra el llanto, la cajita de la rabia, las gafas de no ver, el reloj despojado de tiempo...
Dormir, dormir, dormir... canta el cuco. Cuenta el cuco conmigo las ovejas, cientos de miles que huyen con la alborada de mis ojos abiertos.
La luz se cuela por esta primavera recién estrenada iluminando mi cuarto,  acentuando mis ojeras, alojándose bajo mis párpados sin pedir permiso.
Envejece mi desnudez ante el espejo mientras los fantasmas de tu risa se alejan por el pasillo.

Otra noche hecha cenizas.  

jueves, 17 de marzo de 2016

Este jueves un relato: (Inspirado en una foto hecha por Cass) "A ras del suelo"



A ras del suelo


No. Ya no puedo más. Estoy al otro extremo mirando la vida de lejos.
La vida que me tocó vivir a tu lado, a cien metros del suelo, tragando el azul equivocado de las paredes, la música del ascensor que se paraba siempre en el piso sesenta y tres, la urgencia de los atardeceres transitando por la cocina y las noches descontando el amor que pasa por tus relojes de arena.
No. Ya no puedo más.
No llegué a acostumbrarme  al dulce vértigo de asomarme a la ventana buscando inútilmente el vuelo de los pájaros.
El eco del horizonte guardado en mis pupilas  es un ocupa innecesario que me desaloja la alegría.
No. Ya no puedo más.   
Allí arriba se siguen  escribiendo las palabras con humo, se gritan alto para oídos sordos… Con lo fácil que es susurrar en la piel con una caricia.

A ras del suelo, sólo nos separa el esperpéntico abrazo de las acacias.

viernes, 26 de febrero de 2016

Este jueves, te cuento una travesura



Miré al reloj de la torre, el tiempo se había detenido, como si la prisa se hubiese escondido detrás de los números romanos,  la esfera se había  cuarteado  dando una imagen de vejez casi humana, con los minutos y segundos  llenos de arrugas.
El sol pesaba sobre la uralita, sediento, a 45 grados a la sombra.
Así eran las siestas de mi niñez. Toda la casa descansaba menos los animales y yo.
Las gallinas haciendo malabares en el palo soportaban la calima con sus picos abiertos. Un aleteo del gallo ponía en alerta al corral cuando yo abría la cancela y me adentraba en sus dominios.
Llevaba en las manos a modo de señuelo, el afrecho y el trigo que se guardaba en el granero. Primero les llenaba el buche, luego, al descuido, las cogía bajo el brazo y les iba arrancando las plumas más vistosas.
El gallo, más de una vez se me enganchó al pelo clavando sus espolones y resistiéndose a ser despojado de sus atributos más llamativos para encandilar a las ponedoras.
La batalla se saldaba con unos cuantos picotazos y  diez o doce plumas a mi favor, que servirían para confeccionar mi gran cabellera de jefe indio.
Las cinco. La siesta no se acababa aún.
Los gatos apurando el fresco en el empedrado del patio, dormitaban ajenos al revuelo del gallinero.
Me aburría y entonces recurría a la peluquería. Primero el flequillo, ras, ras, ras, la frente despejada del todo  y después, aprovechando el duemevela de los gatos, recortaba sus bigotes al milímetro. ¡Que tontos, ni se inmutaban!
Sólo que al despertar, iban dando tumbos desorientados tropezando con todos los cachivaches de la casa.

¡Que contentos deberían estar mis padres de que no les molestara en su descanso!
¿O no?


viernes, 19 de febrero de 2016

Este jueves fue su cumpleaños





Hoy es su cumpleaños. Son las cinco de la mañana. El duerme. Todo duerme, menos el mar.   Mi cómplice de sal.
Descalza para no hacer ruido atravieso nuestro cuarto. -Cuando digo “nuestro cuarto” un escalofrío me recorre la piel de los sentimientos.-
Por los cristales de la ventana  viene la madrugada  derramándose en gotitas de escarcha.  El frío se apellida febrero. Y yo soy un duende...
Mis ojos se hacen oscuridad  para no delatarme mientras le miro.  
Respiro al unísono en un intento de ser su aire.  
¡Nunca sabrá como le quiero!
Me alejo de puntillas mientras se acerca mi imagen al espejo del baño. 
Con carmín, dibujo un corazón en el cristal. 
Mi primer corazón envuelto en ternura para su regalo.  Nada material puedo darle yo cuando se despierte.
Miro desde la puerta... no quiero que se de cuenta que no estoy a su lado, tan temprano.   
Si roza la almohada y no me encuentra ¿creerá  que no me tuvo nunca?
Duerme...  
Mientras, sigo a oscuras recorriendo la casa, dejando en cada rincón  algo de mi, para él.  
Imagino su risa  al comprobar que en lugar del azúcar, en el azucarero solo hay una nota insinuante.  
Vendrá a despertarme y si lo hace, inevitablemente, llegara tarde  al trabajo.
El sol vendrá a  robarnos la última caricia, pero no importará,  ya no importará  porque el mar, su mar, habrá  inundado de amor mi orilla vacía.



martes, 16 de febrero de 2016

Palabras de Sindel: "Todo cambia"




                                          

Pozo ciego éste febrero

donde brota una primavera equivocada.

Tras los cristales del agua
estallan los almendros a destiempo.

Alerta el azahar  en los naranjos,
celebrando el desahucio de la luz.

Duelen la belleza y el engaño
de éste invierno raro.

¿Quién cortó los hilos de la cordura?

Rueda el mundo por mis pupilas

Como una marioneta sin amo.




(Las fotos corresponden a la torre de la Iglesia de Santiago de Villanueva del Río, mi pueblo)

jueves, 11 de febrero de 2016

Este jueves convivimos con seres del mas allá

“Las voces de los ausentes se quedan tatuadas en el alma.
Solo hay que tamizarlas desde el dolor
para hacer más llevadero el silencio”.




Duele tanta calma. La lluvia talla en los cristales los últimos rezos antes de vaciar la casa del todo.
El eco ocupa los cajones  cuando se cierra la puerta.  La alegría  resbala por las costuras del vestido malva, cayendo, como tú, a la tierra.
Los pañuelos de seda desalojados de tu perfume, ya no abrigan las tardes de ningún abril. Rara primavera sin las celindas de tu risa…
Sólo hay silencio, esa alimaña que despedaza mis días, va alejando tu voz irremediablemente.
Vives en mis soliloquios, mamá, como un aroma de canela que trasmina mis versos.






jueves, 4 de febrero de 2016

Este jueves: "Sesión de peluquería"




¡Te lo advierto, si te pintas el pelo de azul, no aparezcas por esta casa!
Y eso fue exactamente lo que hice. Me lo había puesto fácil.
Colgué el delantal y la vida amarga en el mismo clavo y salí con las manos en los bolsillos y las canas en alto.
Me dí el capricho de entrar en la peluquería más rara y más cara, la de ese peluquero que sale en la tele, excéntrico él, excéntrica yo…  Binomio perfecto para no mirar atrás.
Me dio risa ver como los empleados se disputaban mi cabeza.
Desde entonces soy feliz.
Ya me puedo morir de azul un día de éstos…


jueves, 21 de enero de 2016

Relato de jueves..."Sucedió en un autobús de línea"



(Mi relato de hoy es tres veces más largo de lo que nos está permitido según las normas de Tésalo...pero todos sabeis de mi brevedad siempre...así que por esta vez me perdonais, ¿no?
Me hace ilusión deciros que éste fue el primer relato que me premiaron en mi vida, en Sevilla, en El Consorcio de Transportes en el año 2008 y el premio fue una bicicleta.)



Raíces secas


Desde la ventana  el paisaje desolador de lo conocido, la luz hiriente del medio día del sur y la desgana para hacerse preguntas.
La estación un crisol, un tamiz por donde se cuelan las razas, los acentos, los comienzos y los adioses.
-Sevilla, 18 de junio- 
Es todo lo que necesita leer para encontrarse.  Arruga el billete, y lo asila en el bolsillo. El destino es esa incógnita que se quedó en el trozo arrancado por el revisor, un trofeo que estorba en las estanterías de mañana. Da igual.
Raíces secas desde sus pies alertan de una muerte  inminente.  Por eso esconde los zapatos bajo el asiento, esconde la sonrisa, esconde el grito en el minutero del reloj.
 Huye.
Ajusta el respaldo, tamiza el sol con la cortina de rayas (una improvisada cárcel) dirige el chorro del aire acondicionado que como un estilete va abriendo el sudor de la frente hasta helar sus pensamientos.
Cierra los ojos y comienza una cuenta atrás  para arrancarse de un terreno baldío.
Ser un eral no puede ser peor que esto –se dijo-
Coloca el equipaje con sumo cuidado.  Una caja de cartón  envuelta en papel gris, donde el lacre rojo es como una herida que atraviesa el  certificado de mercancía no peligrosa.
Todos los asientos son de “no fumadores”, pero en ninguno se prohíbe  a los desheredados de la felicidad. 
La soledad no contamina.
Todo está en orden, ella entra dentro del cómputo de usuarios anónimos.
Se entretiene revolviendo el bolso ignorando al resto de pasajeros con sus historias escritas en los dedos, esas que  van dejando en el vaho de los cristales  preguntas sin respuestas.
Una factura olvidada en el compartimento plastificado del monedero, es lo único que la condena a esta latitud, una moneda de la suerte, una reliquia de “San Seacabó”, una tarjeta de visita de ese enemigo reciente,  y  una cita caducada para la echadora de cartas.
Todo inútil.
El espejo del bolso es el chivato de sus ojeras, condecoraciones de noches enteras sin dormir. Se retoca la pintura y el escote, (ese precipicio donde  ha caído el compañero de asiento)  Ojea un periódico atrasado buscando las ofertas  de trabajo, haciéndose la interesante, marcando sólo los anuncios que solicitan  licenciaturas.
Ella es licenciada en cacerolas. Tiene un master de infortunios varios, sin cartas de recomendación.
El autobús atraviesa calles sin estrenar. Los viajeros que llegan, traen raíces, pero no como las suyas. 
Ellos  portan su destino en un sitio visible, que los bolsillos son para otros menesteres. Allí guardan las ilusiones de futuro, la magia del encuentro, la prisa del destino….
Que rica es, la pobre,  desde el instante en que sacó un billete solo de ida a ninguna parte.
Fin de trayecto.
El viajero del asiento de al lado, exiliado  sin remedio del acantilado de su canalillo, le pregunta: ¿Señora es éste todo su equipaje?  Refiriéndose a la caja de cartón lacrada.
Si,-contesta- pero no lo quiero.
Veinte años de amor, pesan demasiado.

                                                                                                            - 

lunes, 11 de enero de 2016

Contando las semanas con Sindel. (2 de 52)

                                     
                               "DESENCUENTRO" 



Él no acudió a la cita.
Como un juguete  de mecanismo estropeado,  abandonada en un rincón, dejó pasar las horas frente a una taza de té.
Caminó sobre los charcos llenándose los pies de barro, de vuelta a su realidad.  Llevaba las sandalias en la mano, las miró  sonriendo y por unos instantes le dolió más la sonrisa que los pies.
Cruzar el parque, cruzar la vida y olvidarle…
La había usado, sin haberla tenido nunca.



miércoles, 6 de enero de 2016

Propósitos




Voy a salir a la calle a llenarme las manos de lluvia, a caminar descalza  por el círculo de luz de las farolas del parque.
Voy  con mi vestido  de los domingos a rebosar los bolsillos de estrellas, a descoser el dobladillo de sueños mientras trepan por mi cintura las huellas del mañana.
Voy a huir cuesta arriba hasta que el aliento se enrosque en las acacias como una serpiente en el paraíso sin nombre.
Voy a morder los finales de todos los versos, a masticar la rabia de no encontrarte entre los renglones húmedos de los charcos.
Voy a retar a la tormenta desde mis ojos, a  tronar con mis tacones por tus estancias vacías hasta que estalle el reloj de arena que te encierra.
Voy a abrir la jaula de los augurios y a cerrar sin estrépito la puerta de mis cavilaciones por si baja turbia la risa y destiñe a los peces de colores.
Voy a lacrar este cuaderno donde me derramo, antes que me atropelle la memoria y me sangre la piel de la palabra.




martes, 29 de diciembre de 2015

Palabra: "FIN" Semana 53




En el silencio de la biblioteca, se oyó el crujido seco del papel.
No me dio tiempo de esconder la página arrancada de cuajo. El cuerpo del delito fue dejando un reguero de tinta por el pasillo.
Los de seguridad me  arrinconaron  junto a las estanterías donde se apilaban las obras que nadie leía. Ciento setenta y dos  tomos de poesía a los que no hacía falta mutilar porque los versos  nunca acaban.
La palabra FIN  es la guadaña que siega las historias –alegué en mi defensa- Pero me condenaron.
Si, fui yo. Yo arranque a todos los libros la última hoja para alargarles la vida.
FIN, FIN, FIN, FIN…Mientras dura mi encierro, pensaré en cómo aniquilar ésta palabra del diccionario.




(Iniciativa de la amiga Sindel que nos ha propuesto cada semana una palabra. La número 53, última del año... FIN...¿punto y seguido para el 2016?  Ella dirá.)

lunes, 28 de diciembre de 2015

Las reglas del juego




Llovía como si se hubiese rasgado el cielo, el campo de juego delimitado por una hilera de piedras, dejaba al horizonte la tarea de contar los pasos reglamentarios.
Mahel no abandonó su puesto a pesar de que el partido había terminado.
La pelota, un amasijo de trapos  que le había hecho su abuela, se había enganchado en las alambradas y esperaba que la lluvia la rodara hasta sus manos huérfanas de victoria.
Volver a casa con la sensación de haberse tragado la luna…
Mamá, hoy tampoco hemos ganado.

(Los niños del campamento de refugiados aprenden las reglas del juego)

domingo, 27 de diciembre de 2015

La rutina



La rutina es como mi abrigo gris de paño: raído y antiguo, pero  se ajusta y se acomoda al armazón de mis huesos, con la calidez de un abrazo.
Cuando la rutina se instaló en mi frío, mi calendario estaba por la mitad, me acostumbré  a que arrancaran mis hojas  de dos en dos, el paso de las estaciones se enajenaba  en el perfil de los días y descolorida, la piel de la costumbre, se quedó a vivir en el espejo.
Ahora cuando me miro, la rutina me devuelve la imagen de aquella que fui,
sin edad, sin tiempo, sin queja.

Un día de éstos lo romperé en mil pedazos, aún no sé si para ser libre, o para multiplicar la monotonía de no ser.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Este jueves: Recordando a Eduardo




La he encontrado bajo mi árbol de Navidad. La carta no tiene remite. Lacrado el sobre, mi nombre escrito con  trazo firme y caligrafía dulce.
La abro con sumo cuidado, justo como  cuando se abraza a alguien que se quiere. Es una corazonada.  ¿Eduardo?
Un regalo que me da la vida, ésta es una de esas cartas que no fueron enviadas a tiempo y que hoy llega al buzón de mi alma para recordar a un amigo, todo humanidad y sabiduría.
Eduardo escribió sus historias en nuestra historia  con tinta indeleble.
Se fue... dejando una  sonrisa de papel bajo mi árbol, palabras con alas, una despedida, un beso de luz…

(Perdón  si no os cuento lo que dice la carta…la correspondencia es sagrada)

sábado, 19 de diciembre de 2015

El hueco helado de la cama







Añoro tu caricia interminable,
luciérnaga de deseo en mi cintura,
látigo de palabras, beso de agua,
aljibe para la sed de tu ausencia.
Guardo una herida de tiempo,
cicatriz cosida a tu nombre
y al azul desahuciado del arco iris,
que plagia
al mar de tus ojos.
El silencio del desamor,
tiñe el temblor de mis dedos,
la noche nos busca en el hueco helado
de la cama, y nos encuentra
desnudos de futuro,
víctimas de un naufragio pactado.


domingo, 13 de diciembre de 2015

Sin azahares





Don Manuel  nos ha citado a las ocho de la mañana, hoy 23 de diciembre de 1943, tan temprano…
Así se asegura la parroquia de que la novia pasará inadvertida, castigo  por la deshonra de ir preñada.
El reloj de la torre da las seis. Casi no he dormido.
Aparejo la mula  y guardo en el cerón la comida que nos servirá de agasajo en el día de la boda.
Los papeles del juzgado dónde rezamos ya como una  familia, van custodiados en el bolsillo de la chaqueta de los domingos.
Las botas con buen lustre, la bufanda atando el miedo al cuello  y la responsabilidad aplastándome el estómago. 
Templo los nervios con una copa de aguardiente.
Ha helado esta noche, la escarcha baja por los tejados y en las calles huele a canela y clavo porque en las casas de los ricos se hacen dulces para la Nochebuena.
Me acompaña mi hermana como testigo, suenan sus tacones en el silencio empedrado del pueblo, me cruzo con los jornaleros que van camino de la barca y les saludo sin hablar, sumido en mis cavilaciones.
Ella está sola a la puerta de la iglesia, sola, sin azahares,  esperando mi refugio y la bendición  para que no la señalen más con el dedo.
Los olivos van dejando atrás las últimas casas, se van apagando las luces y encendiendo el campo. 
Comienza nuestro viaje de novios.
El frío diciembre se nos cuela hasta los huesos, las veredas salpicadas de tomillo y romero, tienen blancos encajes que dejó la helada.
Somos ricos guardándonos el amanecer en las pupilas, cerrojo que evita que salgan las lágrimas por lo que dejamos atrás.
A las doce, el sol arriba y los cisqueros se limpian el sudor con sus pañuelos de yerba, arrancan la jara y las encinas para hacer candelas que más tarde se convertirán en carbón para los braseros.
Sin prisa, una vez pasado el cruce del encerrado, caminamos para estirar las piernas, a lo lejos se oyen los berridos de los toros de lidia disfrutando de su libertad hasta la primavera. 
Son negros zaínos. Las vacas cruzan el arroyo, sus  cencerros ponen música a nuestro mutismo.
Saco del cerón  una bota de vino y le ofrezco brindar por el acontecimiento de querernos.
Las cuatro de la tarde  en mi reloj de bolsillo, los aceituneros van recogiendo los aperos.
Venimos del valle del Guadalquivir y subimos hasta la Sierra Norte antes que se haga de noche.
Las diez. En la cocina de la fonda se guardan las sobras de la cena y se apaga el candil.
Aunque no tengamos  sábanas de seda, hilvanaremos los sueños en ésta primera noche del resto de nuestras vidas.


jueves, 3 de diciembre de 2015

Este jueves, entre bambalinas




Ya no queda nada,
pero mi voz te sigue siendo familiar
allá donde se esconda,
te hace saltar el corazón
por que lo siento a través del teléfono
y disfrazando tu ternura,
suena tu voz a ritmo de olvido.
Adivino tu sonrisa borrada al instante,
tu lucha de segundos,
tu prisa por dejar de oírme
y la calma después para, a solas,
recordarme sin amor, seguramente.
Pero a tu pesar estoy ahí.
Posiblemente, el capitulo de tu novela
que nunca volverás a releer,
sea el que yo escribí en tus sentimientos,
ese que no se borra y que duele
por que cada letra martillea en tu pasado
para herir tu presente. 
Podrás cerrar el libro creyéndome olvidada,
pero perderás el tiempo
por que lo que lo que se escribe con ternura, 
se queda colgado de las paredes del alma  
y su huella, sin doler,  delata al amor.
Es verdad que al mirarnos no nos conocemos, 
que el tiempo,  como araña siniestra, 
fue tejiendo con hilos de desamor
el telón con que cerrar una obra inacabada   
y detrás,  entre bambalinas
dos actores fracasados. Tú y yo.



febrero 1994

(Fijaos en la fecha, hoy rescaté este poema que guardaba en un cajón)

martes, 1 de diciembre de 2015

RELOJ... (semana 49 de 53)





El ayer es un roto  imposible de zurcir con palabras.
Si acaso la nostalgia, puntada del tiempo,
descose de uno en uno, los minutos del reloj.
Mientras se desaloja el tic-tac de la ausencia,
va urdiendo el silencio una cicatriz a deshora.


viernes, 20 de noviembre de 2015

Este jueves... Detrás del arco iris






La lluvia,  mansa, va inundando las horas del tránsito.
En mi taza de café se ahoga la tormenta.
Un sorbo de luz me desnuda de palabras.
Sin querer, me he tragado el arco iris.

Perdón, amor, por la oscuridad.

jueves, 12 de noviembre de 2015

Este jueves...RELATO


                                


                               El abrazo del árbol

Parece que fue ayer cuando mi padre lo arrancó de raíz. 
Desnuda la pared, la savia chorreaba  como si fuera un llanto inundando el patio.
Desde aquel día, enajenado, sembraba árboles en cada grieta añorando el pulmón que nos abastecía de aire, añorando el verde gemelo a los ojos de mi madre.   
Vuelvo después de 56 años. He heredado la casa y las estancias vacías se ofrecen como refugio a mi vejez. 
Recorro las huellas en el polvo  que han ido dejando las preguntas y se funden con otras huellas que llevo tatuadas en la piel desde que era niño; las caricias de mi madre.
Extraño color el del  abandono, extraño silencio me arrincona cuando veo que las ramas del viejo árbol se han levantado esperpénticas  para invadirme.
Respiramos al unísono. Sé que a medida que me abraza se me agota la vida. Vuelvo a su savia, a ser parte de su sangre y me parirá un día de éstos mientras la nana del ayer me cuenta cosas…
Ya no tengo miedo. 
El tiempo es el mejor abono  para las semillas del perdón.
Mi padre nunca fue un buen jardinero.





viernes, 30 de octubre de 2015

HALLOBLOGWEEN 2015


Teresa Cameselle nos invita a  abrir la puerta del miedo




He notado que desde hace unas noches, la fotografía del abuelo,  esa que me sigue con la mirada apenas entro en el salón,  se mueve como un péndulo marcando mi miedo. 
Pintadas con azufre sus iniciales en la pared, delimitan su mortaja.
Huele a sangre seca y una agónica respiración  se oye a través de las puertas. 
El espejo se ha llenado de otras caras que no son la mía,  los gusanos hilan las cuencas de los ojos  para que no entre la luz.
No reconozco a los que habitan el espejo, me rodean acariciándome el pelo, sonríen  desdentados y se atropellan por asomarse a mi casa.
Mi abuelo se ha salido del cuadro, tiene telarañas, camina raro, se desmorona a cada paso y yo recojo sus trozos.
El reloj de bolsillo, vacío de tiempo, cuelga desacompasado de sus harapos, su voz ya no es la que yo recordaba, suena desde las simas llamándome.
Y acudo a buscar la ternura en los agujeros de su muerte.


jueves, 22 de octubre de 2015

Relato de jueves: "Chantaje emocional"





Otra vez...
Caminó igual que otras veces hasta agotarse.
Un cartel de neón anunciaba horarios de salida y llegada de los trenes.
La envolvía el sonido metálico de la voz anunciando destinos e inconscientemente viajaba de un lado a otro desde el humo de su taza.
Efímero muro ese humo que detiene el viaje de sus pensamientos.
Otra vez la cobardía, o el miedo. Y otra vez, agachando el alma y la cabeza, volvería a casa.
Otra vez mordería la rabia y haría del silencio un vestido de fiesta.
Otra vez ensayaría la sonrisa y la caricia.
Otra vez la mentira le desgarraría las paredes de la razón, dejando a la intemperie una realidad muerta. Otra vez, otra vez, otra vez...

Murió de una sobredosis de infelicidad. Ahora es un cadáver sin carné de identidad y el análisis de ADN no concuerda con el comentario de sus vecinas.
Nadie conocía su adicción al sufrimiento inútil.



jueves, 15 de octubre de 2015

Este, es un Jueves para las preguntas






¿Por qué no me preguntas nunca
cuando de repente  me torno oscura,
a que hora se enciende
el candil de mi alegría?
¿Por qué te quedas siempre
al filo de mi abismo,
sin que te alerte el lastre que arrojan mis días?
Cada vez estoy más hueca…
¿Por qué no te preguntas si me pesa la vida?
¿Por qué no me preguntas nunca
qué me sobra mientras me desnudas el cuerpo,
que me falta, que me estorba,
que tengo…?
¿Por qué te quedas siempre
al filo de tu silencio
Sin que te alerte la guadaña que me sangra?
Cada vez estás más  ciego…
¿Por qué no te preguntas dónde ardo cuando tú me apagas?
¿Porque no me preguntas nunca
cuando de repente estallan mis  alas,
si es la miel de tus barrotes
la que envenena mi vuelo?


jueves, 8 de octubre de 2015

Un titular de prensa sorprendente para este jueves


“Bandadas de avestruces migratorias causan el caos en la ciudad de Madrid”
 La noticia está fechada en octubre de 2015, cuando aún se escribía en papel.
El periódico, teñido de tiempo amarillo, es una reliquia familiar que heredé de mis abuelos. 
Hoy, octubre de 2085, cuento a mis nietos la historia mientras hojeo con un leve temblor los reveses del tiempo.   La tinta gastada, como un sudario, guarda parcelas de mi niñez…
“Aquella mañana se notó la helada en el agua de las fuentes. Madrid se había despertado tarde. Un sol gris tiñó de repente los tejados, una marabunta arrasó las calles en todas direcciones.
En los magnolios de los parques se escondieron los pájaros y los niños guardaron su asombro detrás de los cristales. 
 Los ojos desencajados de los avestruces buscaron cobijo en el horizonte ensayando un vuelo torpe que les despedazaba las plumas.
Su canto ensordecedor se apagó bajo la tierra. 
Cientos, un ejército de gigantes atravesaba la locura buscando el sur del sur” 

jueves, 1 de octubre de 2015

Este jueves PA-LA-BRAS



Pa-la-bras


Al principio,  entre los labios las dos palabras que me abrieron al mundo, Mamá, Papá.
Más tarde, rebosan  los vocablos y esas dos primigenias echan raíces. Llega el amor, el hermano, el hijo.
Todas las demás  agrupadas en Alegrías, son veredas para llegar a la libertad.
Las  palabras enmudecen ante el  dolor  y es la soledadinquilina  de oídos sordos, quien nos ocupa el alma.

Con la Muerte me pregunto si mereció la pena hilvanar  tantas letras   para Nada


(Perdón a algunos jueveros que ya conocían  éstas palabras de una anterior convocatoria)