lunes, 13 de julio de 2020

Sueño




Dormía solo en una habitación redonda,
para que la tristeza no anidara en las esquinas.
Su mujer gris y sus hijos grises,
escondían el parentesco renegando de su oficio.
El enterrador solo sueña
con un panteón con ventanas para escaparse de la vida.

miércoles, 8 de julio de 2020

Naufragio




Ante notario nos repartimos lo quedó del naufragio.
Un amor con agujeros predestinado desde la primera ola.
Los abrazos a medias, los silencios a medias,
las astillas de la costumbre,
el hambre de caricias…
          ¿Algo que declarar?
Si.
Aún se nos escapa la sal por los ojos.

lunes, 6 de julio de 2020

La cinta roja en el magnolio





No se quien ata una cinta roja al tronco del magnolio que hay en el parque.
Cuando yo paso, cambio la cinta a otra rama, para que sepa que estuve.
Es una rúbrica anónima escrita en el aire de los solitarios.
¿Los pájaros saben hacer nudos?

domingo, 22 de diciembre de 2019

Estatuas para un jueves de diciembre

Los diferentes


Amo a los diferentes, 
a los que tienen sonrisa de luna rota, 
a los abandonados del arco iris. 
Amo el gris de su abecedario 
y la maraña de sus preguntas. 
Amo a los diferentes 
que arañan la corteza de la cobardía, 
a los que gritan hacia adentro, 
a los que buscan a ciegas otras caricias.
El eco de sus silencios agujerea el miedo 
derramándose en palabras torpes.
Yo amo a los diferentes 
porque en el fondo, me reconozco.












miércoles, 18 de diciembre de 2019

El delantal de mi madre







Lo que daría, por refugiarme
entre los pliegues de tu delantal, madre,
a salvo de los años que me queden por vivir,
al calor de tus consejos, 
a la sombra  del vichy cuadriculado.
Sacar de la magia de tus bolsillos, 
el pan para mi hambre,
el pañuelo de yerba para mis lágrimas,
el hilo con que zurcir los sueños rotos.
Atarme con las cintas los pensamientos,
dos vueltas al regazo, un abrazo al cuello,
y dentro tú y tus silencios, 
como un templo.
Tu delantal, madre, que huele a alucema,
a noches de desvelo avivando el fuego 
de todos los inviernos que nos crecen en las entrañas
conforme vamos haciéndonos viejos.
Porque no pude, madre, guardarme tu risa,
entre la piel y la noche,
ni aprenderme de memoria los cuentos
que escribían tus ojos en los míos,
porque no supe, madre, parar el temblor de tus manos,
en el adiós irremediable de los relojes.
Desmenuzo las horas desde que no te tengo,
llenando de migajas el delantal de tu ausencia,
alimentando el vacío con la prisa 
de no llegar a ninguna parte.


Mamá María

sábado, 14 de diciembre de 2019

Palabras que el amor desordena




Hay un cordel atado a la tarde 
donde los amantes tienden su última caricia.
Allí donde el desapego va dejando cadáveres, 
y la náusea del tiempo sobrevuela sin prisa.
Hay un ábaco para sumar deshoras,
un mañana escrito con tiza, un tal vez, un nunca…
Hay un labrador de manos torpes
que esparce semillas en las grietas de la costumbre.
El hambre de los cuervos nos iguala
y al anochecer nos repartimos  las sobras y la culpa.
Hay un erial entre dos manos que delimita el miedo,
una  hilera de palabras que el amor desordena, 
una sequía pertinaz en las cuencas de los ojos.
Hay un cordel atado a la tarde, 
por donde el sol, funámbulo sin aplauso,
atraviesa hiriendo la ceguera de los cardos.  

jueves, 25 de julio de 2019

Este jueves relato: Relatos de Moulin Rouge



El invierno araña fuera, el vino barato, dentro. 
Dice el tabernero que ya no les fía más, que no tiene con qué tapar los agujeros
de su hambre, las grietas de sus silencios. 
Se adivina en el fondo de sus ojos la ruina de sus vidas,
los escombros de los días felices. 
Monique atraviesa la memoria hasta sus dieciocho años de piel de seda,
cuando su cuerpo-templo era un regalo para los sentidos.
Primera bailarina del mejor cabaret del mundo.
A Alain lo conoció una noche en la que le pilló desprevenida
la urgencia de un abrazo...y de ahí, mercadeó cada caricia. 
El usurero se acostumbró a la dádiva, ella como una luna menguante
se fue apagando tras las cortinas de terciopelo.
Detrás del escenario, las candilejas suavizaron el engaño.
Ajada la piel y la costumbre, comparten el fracaso el pan y el vino.
El destello de las luces de Moulin Rouge dejan al descubierto
las arrugas del desencanto.
Cada noche desde hace muchas, peregrinan de bar en bar
y acaban en esta esquina donde las luces de neón eclipsan su presente.

No, ni el tabernero ni la vida les fía más.

miércoles, 17 de abril de 2019

Este jueves, relato: Una orquídea cada 14 de febrero




Nunca supo que no me gustaban las orquídeas. Cada año de los cuarenta que hemos pasado juntos, he recibido una orquídea el 14 de febrero.
Lo veía llegar con esa cara ilusionada portando aquel regalo que a mi me ponía los pelos de punta.
Otra orquídea encerrada entre celofanes y lazos de colores, otra orquídea
que me observaba desde  su cárcel de plástico, poderosa rival que en el lugar más especial de mi casa se erigía como reina.
Desde ese momento, todos los mimos, todos los piropos eran para ella,
sus colores amenazantes me hacían palidecer a mi, la suavidad de sus pétalos fríos se abrían para menospreciar mis caricias.
Respira.
Mientras duermo la oigo respirar, alerta, como una gran boca dispuesta a tragarme
en un descuido.
Amanece. El mira a la estantería antes que a mis ojos.
Me llama para que vaya  preparando el desayuno.
No le quiero oír.
Despierta, me he mirado al espejo. Estoy marchita y me he tirado a la basura.
En el vaho del cristal escribí:
“Feliz  día de los desenamorados, deja que la orquídea eche raíces”

miércoles, 10 de abril de 2019

Acróstico para un jueves de abril





                                       
                                                                Vestido de albA
                                                                 Pintado de añiL
                                                    Descalzo por el mihraB
                                                        Como amor sin amO
                                                                   Roto el espejo del agua,
                                                                  A ciegas se busca.
                                                                  Dudo que la luz lo arrope,
                                                                  A solas, mi duende huye.

martes, 12 de marzo de 2019






La promesa


Ya sabe que la observan desde todas las ventanas,
los visillos se mueven lentamente para no delatarse, pero la siguen
mientras va calle abajo.
A cada trecho se para, respira sin girar la cabeza, se agacha
y recoge guijarros hasta llenarse los bolsillos.
No está loca, no, es un arma para luchar desde dentro.
Murmuran, critican ensartando la hebra de las cavilaciones y dictando
remedios para su mal, pero a ella ya no le llegan los consejos,
está  lejos, al otro lado de un horizonte pintado con tiza.
Desde allí tira las piedras al tejado de su historia poniendo nombre
a los propósitos, la rabia da en la diana a veces y se abren
las compuertas del llanto, otras, el dolor le devuelve la pedrada
hiriéndola de nuevo y alguna vez  errando el tiro,
huye a limpiar las mentiras en el revés del agua.
No sangra. Calla y traga.
No hiere aunque la acorralen.
Se lo prometió a su madre.

domingo, 13 de enero de 2019

Invierno







21 de diciembre 2018


Desde hacía unos días, el invierno y la muerte acechaban tras los cristales. Tú lo sabías.
Supe que el invierno llegó anoche porque la escarcha heló las rosas que yo debía cortar 
para ti esta mañana.
La muerte, se adelantó a todo.
-El laurel se está secando- me dijiste. 
(Aún malvive, como mi rabia, abonando la tierra)
Los pájaros alcanzaron por fín la libertad, huérfanos de aire, amanecieron mudos 
entre los barrotes la misma mañana de tu vuelo.
Y yo porque no soy pájaro, ni laurel, ni rosa, tengo que seguir sin querer, 
añorando la primavera.

martes, 18 de diciembre de 2018

Descansa en paz, amor, amigo, padre, compañero...



Arañaré la escarcha de la ausencia
hasta llegar al calor de los días felices.
Yo seré el sístole y el diástole que desahuciaron de tu pecho,
latiré para mantener vivo tu recuerdo.
En el laberinto de los días, encontraré una salida que no duela,
engrasaré los instantes del reloj que compartimos
para que nunca se pare el eco de tu risa.
Por los abrazos y las palabras que se quedaron a mitad del camino,
por los reproches y los proyectos que abortaron en silencio,
por el amor que meció la cuna de nuestros hijos y nuestro nieto,
mereció la pena caminar juntos durante cuarenta años.
Por el futuro imperfecto sin conjugar,
por las plegarias al Dios de lo posible
para que nos perdone la torpeza 
de no haber sido más felices.
La nana del tiempo me librará del dolor, compañero,
dormiré tus sueños y los míos con los ojos bien abiertos,
no sea que la tristeza me coja desprevenida
sin tiempo para guarecerme del arco iris.
Hoy aún la tormenta grita hacia adentro.