martes, 12 de marzo de 2019






La promesa


Ya sabe que la observan desde todas las ventanas,
los visillos se mueven lentamente para no delatarse, pero la siguen
mientras va calle abajo.
A cada trecho se para, respira sin girar la cabeza, se agacha
y recoge guijarros hasta llenarse los bolsillos.
No está loca, no, es un arma para luchar desde dentro.
Murmuran, critican ensartando la hebra de las cavilaciones y dictando
remedios para su mal, pero a ella ya no le llegan los consejos,
está  lejos, al otro lado de un horizonte pintado con tiza.
Desde allí tira las piedras al tejado de su historia poniendo nombre
a los propósitos, la rabia da en la diana a veces y se abren
las compuertas del llanto, otras, el dolor le devuelve la pedrada
hiriéndola de nuevo y alguna vez  errando el tiro,
huye a limpiar las mentiras en el revés del agua.
No sangra. Calla y traga.
No hiere aunque la acorralen.
Se lo prometió a su madre.

domingo, 13 de enero de 2019

Invierno







21 de diciembre 2018


Desde hacía unos días, el invierno y la muerte acechaban tras los cristales. Tú lo sabías.
Supe que el invierno llegó anoche porque la escarcha heló las rosas que yo debía cortar 
para ti esta mañana.
La muerte, se adelantó a todo.
-El laurel se está secando- me dijiste. 
(Aún malvive, como mi rabia, abonando la tierra)
Los pájaros alcanzaron por fín la libertad, huérfanos de aire, amanecieron mudos 
entre los barrotes la misma mañana de tu vuelo.
Y yo porque no soy pájaro, ni laurel, ni rosa, tengo que seguir sin querer, 
añorando la primavera.

martes, 18 de diciembre de 2018

Descansa en paz, amor, amigo, padre, compañero...



Arañaré la escarcha de la ausencia
hasta llegar al calor de los días felices.
Yo seré el sístole y el diástole que desahuciaron de tu pecho,
latiré para mantener vivo tu recuerdo.
En el laberinto de los días, encontraré una salida que no duela,
engrasaré los instantes del reloj que compartimos
para que nunca se pare el eco de tu risa.
Por los abrazos y las palabras que se quedaron a mitad del camino,
por los reproches y los proyectos que abortaron en silencio,
por el amor que meció la cuna de nuestros hijos y nuestro nieto,
mereció la pena caminar juntos durante cuarenta años.
Por el futuro imperfecto sin conjugar,
por las plegarias al Dios de lo posible
para que nos perdone la torpeza 
de no haber sido más felices.
La nana del tiempo me librará del dolor, compañero,
dormiré tus sueños y los míos con los ojos bien abiertos,
no sea que la tristeza me coja desprevenida
sin tiempo para guarecerme del arco iris.
Hoy aún la tormenta grita hacia adentro.



jueves, 22 de noviembre de 2018

Hoy jueves....Viajamos








“Quizás convenga para este viaje guardarse el reloj en la espalda, para que así parezca que el tiempo nos persigue”
Hablaba sólo mientras desmigaba el pan duro para que comieran los pájaros. Los gorriones, al descuido, dejaban sin sustento a las palomas y el parque se teñía de gris mientras alzaban el vuelo atravesando la noche.
El amanecer no le cogerá desprevenido, equipaje tan ligero, los pasos sin brida, dirán.
Es la hora.
Y cruza la línea de sus pensamientos desafiando.
Plancha las arrugas del miedo, se busca en el espejo, pone el calendario del revés. Vuela.
¡Ridículo tan viejo!
Pero se ha enamorado.
El último viaje, quizás sea su último viaje, ese del amor, ese de mirarse a los ojos, de temblar en silencio cuando sólo el alma responde porque el cuerpo se derrama.
Viaje que siega la soledad de un tajo y tiñe los días de rubor de amapolas.
Paso a paso de dos para partir el pan y las tardes de noviembre, castañas, granadas, membrillos con canela…
En el vaho de los cristales medio corazón y un NOSOTROS.

jueves, 15 de noviembre de 2018

Relato para el jueves: El trabajo ¿Una maldición?

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Duele la noche

Los zapatos me han hecho daño, sangran los dedos apretados en esa estrecha cárcel de plástico rojo, amoratados por el frío y los pasos sin vuelta. Duele la noche.
Hay luz en la ventana de la cocina, amanece. Sólo me separan cuarenta y siete escalones hasta la mentira. Me pesa el sueño y un agujero en el estómago se traga el asco. Duele la noche.
Una taza de leche caliente para el temblor de mis dedos, un espejo roto detrás de la puerta para recordarme la mala suerte, diez pedazos de mi imagen fragmentada y oculta bajo la pintura. Duele la noche.
Detrás de los visillos vive la vida, la de los otros, ajenos al ruido de mis tripas, al traqueteo de mis sienes, al vaivén de la vergüenza que se agita, como las mareas, con la luna. Duele la noche.
El despertador suena en todas las grietas. El mundo se pone en marcha y me arrastra desmaquillada de sombras. Bien ensayada la sonrisa, a ras del suelo soportando el peso de las preguntas. Duele la noche.
Dormir, dormir, dormir, atravesar el reloj de arena sin quejarse, invocar al dios de las cosas, vigilar el fuego, ahuyentar a los cuervos, cantar una nana, tender la verdad al sol, amasar la rabia… ¡Que hambre de amor!
Me sangran los días, ¡pero a mi lo que me duele es la noche! cuando entro en la cárcel de los zapatos rojos de plástico con los que camino por el filo de las navajas.
Me llaman PUTA.
Mi trabajo es una maldición.








jueves, 23 de agosto de 2018

La cita... un relato para el jueves




El sol había bajado la guardia, las chicharras ocultas entre las ramas más altas del magnolio, no eran testigos fiables del suceso.
Enamorarse... vino aquí para eso, para enamorarse a los cincuenta y tantos.
Atravesó la niñez, la adolescencia, la juventud y con la madurez envuelta en un pañuelo, atravesó el parque para acudir a la cita.
Ladran los perros enseñando sus dientes amarillos, corren los niños volando sus cometas de seda, cantan las beatas el rosario de las ocho, lloran los sauces que custodian la acequia, hablan bajito los relojes de hierba y se apretuja el mastranto para beber de la noria.
A las diez, ese temblor de estrellas arrasándole la mirada, a las diez, se acentúa más el turquesa del cielo en éste verano raro, a las diez, se desnudan los amantes en las páginas últimas de todos los libros, a las diez del sur.
Lleva anudada la corbata con tres vueltas al cuello augurando el futuro juntos, el pan y la sal, el Evangelio de San Lucas, las campanas, el azahar, la lista de regalos inútiles, la familia del pueblo y las eternas preguntas.
Se le han olvidado las flores, el poema y la sonrisa. Está desnudo de razones y sin embargo extiende su mano para encontrarla, tan leve, tan blanca, tan lejos...
Menos mal que las magnolias abren de noche para guarecer a los desenamorados.