jueves, 14 de agosto de 2008

Tristeza premonitoria



Ayer mientras desalojaban los baúles de la mudanza, mientras se amontonaban los recuerdos y los cacharros, encontré esta fotografía.

Mi pose de guardián cansado sin rastro de sonrisa, desentona con la alegría blanca de Margarita.

Es curioso, miro sus pies y ya, entonces, a sus tres años, estaban al filo... su vida siempre ha estado al filo de todas las cosas.

Si yo hubiese sabido.....que un empujón a tiempo le haría crecer las alas.....

Mañana iré a verla. Es su cumpleaños.

Al filo de su cabeza hueca, me siento y tomo sus manos. Se aferra a las mías deslizándose en el barranco de su ayer, sin miedo.

A ratos canta, a ratos llora, a ratos quiere atrapar el agua del estanque, a ratos me pregunta que cuando nos vamos.... (un reloj de musgo detiene el tiempo)

Nos vigila la enfermera de este mundo de cuerdos.

Parece que fue ayer.... nadie sabe que mecanismo cruel la mueve a ratos...

Treinta años de renglones borrados de su memoria y de mi vida.

Hace frío. El jardín es de color sepia como la fotografía y se escapa la tristeza por sus bordes.

Mi hermana se deja llevar... al filo de una puerta que da acceso al pabellón de esquizofrénicos.


(Relato publicado en la revista Almiar, Margen Cero)


1 comentario:

Ana Espinosa dijo...

Conmovedor. Llega al alma.