sábado, 27 de diciembre de 2008

Silencio en las caracolas






La puerta se ha abierto suavemente como empujada por el soplo de un ángel.
No se gira, no quiere poner rostro a los pasos que llegan, no tiene prisa por descubrir.
Espera, sólo espera.
Aparta fuego del fuego y arde al aire dibujando su nombre.
El humo va borrando las letras, como un cómplice.
Que nadie sepa, que nadie llame.
El dolor desconectado para no echarle de menos.
El mar de espaldas.
Tanto silencio en las caracolas, tanta sal en la herida, tanta sed en los labios.
No, no era nadie…
La soledad que se cuela ignorando los cerrojos.
El ángel que espera no susurra más que ante la puerta del deber.
Y aquí sólo vive el amor.

2 comentarios:

El éxodo dijo...

Los muros del silencio son tan inexpugnables, que sólo la soledad entra y sale a su antojo. Aunque una vez que entra, casi siempre suele quedarse.

Un abrazo.

mardelibertad dijo...

Aveces la soledad compartida es mas triste que la soledad en solitario,
de una manara u otra es triste al menos para mi, mejor no entrar en batalla con la soledad,

Todo lo mejor para el Año entrante

Saludos