jueves, 5 de mayo de 2011

Relato de jueves: "Comida"



(Disculpad si mi relato no encaja exactamente, pero se me vino a la memoria y retrocedí mas de cuarenta años para contaros esta historia real)


Se limpiaba el sudor con un pañuelo de yerba mientras espantaba a los chiquillos que, curiosos, metían las narices en sus pertenencias mientras él, descargaba y montaba los guaytomas.
Viejas y descoloridas cunitas daban vueltas de reclamo hasta que alguien se decidía a comprar un billete.
Cada año llenaba la plaza de colorines y acudíamos a ponernos en fila para ser los primeros en volar más allá de las acacias.
Desde mi ventana podía ver el improvisado hogar que montaba a la espalda de la atracción, una casa con cuatro lonas, cuatro palos dónde colocaba el camastro, bajo éste, una palangana y una caja de cartón con su ropa. Un infiernillo de petróleo y dos peroles para cocinar, una lámpara de carburo para alumbrarse, la manta del perro, la trompeta y un espejo.
La primera noche cenaba de la escasa caridad de los vecinos. Vi como cortaba un trozo de tocino sobre un morrongo de pan y las pocas migajas las relamía el perro, pardo y flaco, atado a mi reja.
Por la mañana, se oía, aún adormilada, la melodía de su trompeta alertando a la calle.
En mi mesa había un tazón de leche calentita, tortas de aceite, algo de fruta, miel y chocolate negro. En su mesa, zurrapa de cebada tostada, sobras de manteca rancia que untaba en las cortezas duras.
Yo tenía de todo menos hambre…
Los niños le llamábamos “Tararí”.
Las vueltas que da la vida. Guaytoma destartalado en la plaza de mi memoria.

21 comentarios:

Manuel dijo...

Rosa, tu relato encaja totalmente, dos tipos de vida dos comidas/alimentos diferentes, las trashumancia del titiritero y del feriante frente la estabilidad. me ha gustado ese detalle de aun en esa situación tan precaria su perro compañero participa en su comida.
Un beso

Juan Carlos dijo...

Los feriantes, gente diferente. Muy bien contada tu historia, con muchos detalles llenos de visualización o evocación. Por ejemplo, esa manera en que lo ven los niños.
Un beso

jose francsico dijo...

Muy bien contada, buena puesta en situación, escena digna del mejor Fellini. Pues eso que me ha gustado.

Nota del lector : Que es una guaytoma ?

Un saludo

J. F.

rosa_desastre dijo...

Respuesta a José Francisco: La foto que ilustra el relato, esa atracción de feria, en mi pueblo y en otros muchos lugares, se llama asi, guaitoma (no se si con I latina o griega) Lógicamente, el que recuerdo y os cuento, era mucho mas humilde.
Un saludo y gracias por leerme.

Pepe dijo...

Vida la del feriante sacrificada, aunque creo que en un gran porcentaje de casos es vocacional. Sólo así es entendible al menos para mí.
Tus recuerdos de esa divergencia entre lo que constituía tu alimentación y la del "tararí", naturalmente que tienen cabida en esta convocatoria. A través de ellos nos has remontado a una época de tu infancia, a unos hechos y a unos personajes.
Un abrazo.

Primavera dijo...

Pues has descripto en el relato no solo la visión de un pueblo, feria y como no, comida, todos los ingredientes perfectos para una bonita narración..

San dijo...

Rosa preciosa historia, en esa atracción tambien montaba cuando llegaba la feria a mi ciudad. Has traido recuerdos de infancia, la visión de una niña comparando su comida y la de ese titiritero.
He mirado desde tus ojos.
Un abrazo.

Matices dijo...

Cuando somos niños guardamos detalles que con el tiempo se llenan de significados. Supongo que en estos casos donde hay poco uno se acostumbra...
Me gustó verlo con tus ojos de niña.

Un beso, Rosa

Natàlia Tàrraco dijo...

Rosa, Tararí, ese cuento me suena, y en la memoria evoco a los de la feria con sus tiendas, sus "roulotes", ropa tendida, fongón de butano y el perrillo con las sobras de la comida tan contento.
Brisa de vidas libres por los caminos dando feria, caballitos, alegría, caminando caminos, aspirando libertades a costas de comodidades. Gente del pim pam pum, tiro con perdigones, coches de choque, barraca y lucecillas, gente que se esfuma por la implacable voracidad de estos tiempos dados a lo deslumbrante, efectos especiales, falsos e impalpables, nada.

Gentes de trabajo honesto, alegre, ingenuo !salve!
Todavía en fiestas mayores los vemos, aún me seducen, huelen a viento libre, fuera del sistema, aguantan.
Hermoso y merecido homenaje a una forma de vida sufrida pero límpida.
Te aplaudo Rosa por esta nota escrita con sentimiento que siento y veo ante mis ojos. Besito.

Tésalo dijo...

No habrás dejado nunca de montar en el guaytoma.
Volar es sublime, desde luego, mucho más que saciar el apetito.
Qué apodo, ¡Tararí! Y dices que él venía una sola vez al año...
A mí esto me ha tocado alguna fibra.
Un saludo.

Neogeminis dijo...

Quizás la comida sea la mayor señal de nuestras diferencias...me refiero a las impuestas, a las que surgen de las injusticias y las circunstancias.

Coincido con Manuel en lo que se refiere a tu relato y el tema de este jueves. Encaja perfectamente.
Un abrazo.

Medea dijo...

Precioso recuerdo de infancia, se empapa tu mente de niña, de olores, de colores, la guaytoma, el viento azotando tus sonrosadas mejillas mientras vuelas mas allá de las acacias, casi casi hasta las nubes, tierna historia en la que a un lado de la valla se disfruta de una mesa repleta al otro...se necesita comer para subsistir. Me ha encantado, al mismo tiempo que me pellizca el corazón la necesidad del que no tiene. Besito, preciosa Rosa

Inma Brujis dijo...

Creo que son dos maneras de vida distrintas que tienen maneras distintas de comer. Y supongo que a los dos les sabrá igual de bien su manjar aunque sean tan distintos.
Un beso

maria jose moreno dijo...

Es bueno tener recuerdos, se lo comentaba ahora mismo a San y da igual que sean de un tipo u otro porque todos forman parte de nuestra vida. El tuyo encaja simplemente porque es tuyo y eso para mi e smuy importante. Por cierto nunca habia escuchado la palabra morrongo, pero me encanta
Un besazo querida amiga

Carmen Andújar dijo...

Supongo que te ha venido a la mente por lo sencillo que viven algunas personas que se conforman con poco para vivir. Este hombre con su atracción que era su modo de vida,y esa vida es diferente a la de los demás y el a su modo era feliz
Un abrazo

rosa_desastre dijo...

Maria Jose, la palabra "morrongo" segun el diccionario, es sinónimo de gato, pero en este caso, se refiere a un tipo de pan que se hacía en mi pueblo allá por los años cincuenta- sesenta. Era un pan moreno de un kilo mas o menos... Y si, suena tan bien como sabia.
Besitos

CAS dijo...

Lo primero que hice fue buscar la palabra guaytoma, y aparece tu blog, jajaj.
pero leyendo tu comentario ya entendí de que iba.
El relato es como bien dice otro comentario digno de una película, y de Fellini, bien podría ser.

un fuerte abrazo y mi reconocimiento siempre a tus letras sensibles y poéticas, adecuadas totalmente a este jueves.

Ceci dijo...

Me atraen mucho y me conmueven profundamente estos personajes siempre al borde de la existencia convencional, tanto, que parecen estar siempre en peligro de caerse del mapa. Y sin embargo su presencia resiste denunciante, como un souvenir molesto de una época que se quiere olvidar.
Admiro Rosa tu sensibilidad y tu fibra para la emoción, no de la fácil, sino de la profunda, de la guardada.
Te de dejo un beso

alfredo dijo...

He recordado mientras te leía, mis guaytomas particulares, cambiaría la manteca por el queso rancio y la zurrapa de cebada, por un culito de vino reunido a base de otros culitos sobrantes.
Sin embargo eran unas fechas en un calendario y su presencia era tan esperada como unos Reyes o un San José.

Como siempre un relato que es una pizca de sal, especias de color y hierbas con aroma a barrio.

Besos

Claudia AB dijo...

Hermoso relato!! Un recuerdo muy vivo aún con el pasar de los años...

Ciertos recuerdos de la infancia suelen quedar grabados...

Saludos

gustavo dijo...

luisito el bailarín se solía pasar por las casas de mi pueblo...te decía no sé que bobadas, hacía como que bailaba y se le daba limosna en forma de comida o de pocos dineros. luisito el bailarín medía algo así como más de un metro y menos de uno 50. luisito el bailarín en las noches de mi aquel entonces dormía en no se sabe dónde, al menos, yo nunca lo supe, y a la vuelta del nuevo día, él seguía recorriendo casas y la plaza y las escuelas. al cabo de tres días, luisito el bailarín desaparecía hasta la próxima venida...dentro de un año, más o menos. era como unos días festivos puestos en el calendario, pues por donde pasaba deleitaba las almas. no daba pena, qué va.
al cabo dle tiempo, mucho tiempo, ya uno hecho un hombre más o menos hecho y derecho, me enteré de que se había muerto.
se había muerto literalmente RICO.
besos al medio, rosa.