miércoles, 13 de julio de 2016





El reloj de cuco cantó las diez, o las cuatro, o las doce… se le olvidó al pájaro contar…
Lleva horas acariciándose el pelo de espaldas al espejo, se da miedo,  canta y olvida.
Es la misma nana de todos los días que cala hasta los huesos. Asomada a la ventana  troca  el aire por llanto y se olvida.
No acude a la llamada, su nombre y el eco ocupan la carcasa hueca de su mente, pero no responde y la olvidan.
Cada mañana yo recojo sus trozos, los voy cosiendo con mis besos para que no me olvide del todo.
Borrado está  mi renglón en su cuaderno, pentagrama de olvidos, nota muda.
No, no cuenta el cuco, seis, dos, once… malditas nueve letras. 

A-l-z-h-e-i-m-e-r.  

17 comentarios:

pikxi dijo...

Triste y dura realidad, en esa enfermedad todo es olvido. Me ha encantado la expresión del pentagrama de olvidos.
Un saludo.

Sindel Avefénix dijo...

Maravillosamente triste! Terrible mal que arrasa los recuerdos, las vivencias y el mismo ser de uno mismo.
Tus letras se sienten en el alma.
Un beso!

Ester dijo...

Tan triste y tan dulce, es muy bello como lo describes con la dulzura de recoger los pedazos cada día. Me ha emocionado. Abrazos

Tracy dijo...

¡¡¡MALDITAS!!!

Carmen Andújar dijo...

Duro; pero real.
Un abrazo

María Perlada dijo...

Me ha gustado cómo lo has narrado.

Esa enfermedad es de las peores que pueden existir, pero sobre todo, muy actual, y cada vez más personas.

Un beso.

Charo dijo...

Muy bella composición para describir tan terrible enfermedad!
Un beso

Mag dijo...

Así es... un reloj de cucú desvariado que toca a destiempo, unas veces rápido que todo se va en un momento; otras, tan lento que castiga minutos y segundos.

Un beso.

MOLÍ DEL CANYER dijo...

Entre los que hemos trabajado con ellos le llamamos: el camino de desaprender. Es muy duro notar como olvidan caras, como su vida es como una nevulosa perdida en el tiempo, y aunque lo vivas cientos de veces como profesional, nunca estas preparada cuando lo ves en tu madre. Precioso relato. Besos.

MOLÍ DEL CANYER dijo...

Entre los que hemos trabajado con ellos le llamamos: el camino de desaprender. Es muy duro notar como olvidan caras, como su vida es como una nevulosa perdida en el tiempo, y aunque lo vivas cientos de veces como profesional, nunca estas preparada cuando lo ves en tu madre. Precioso relato. Besos.

Esther Planelles Arráez dijo...

Cuando desaparecen los recuerdos para siempre, ya no sufren, ellos no.

Le has dado una perspectiva muy bella al relato. Un abrazo, Rosa.

Pablo Paf dijo...

No hay que olvidar recoger los trozos a través de los besos dentro de esta enfermedad, una de las más crueles. Un abrazo.

Neogéminis Mónica Frau dijo...

La crudeza de una enfermedad que desgrana la identidad, la memoria y la propia consistencia. Muy duro. Un abrazo

Alma Baires dijo...

Es duro... muy duro enfrentarse a esa enfermedad. Tus letras tocan.

Un beso.

Pepe dijo...

Luchar por recomponer el puzzle de sus deslavazados recuerdos en un vano intento de que no olvide. Lo que más identifica al ser humano es su inteligencia, su memoria, su capacidad cognitiva. Cuando esto desaparece, con la desmemoria se marcha gran parte de su esencia. Triste y dramática enfermedad cuyas devastadoras consecuencias has reflejado muy bien en tu entrada,Rosa.
Un fuerte abrazo.

censurasigloXXI dijo...

Malditas sean, amiga.

Un beso.

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Terrible enfermedad. Dicen que la naturaleza es sabia pero también es cruel.