sábado, 22 de noviembre de 2008

La cárcel de la mariposa



La cárcel de la mariposa



Una crisálida parece,
pero no es más que una gota de luz
que pasa, dejando una estela
en la oscura palidez de mi semblante.
No confundas con una lágrima el límite de la claridad,
no apagues su curso con el dorso de la mano,
no me ciegues la esperanza.
A veces, las mariposas eligen mal sitio
dónde ensayar la vida.
Piénsatelo antes de compadecer mi llanto,
que los recuerdos son barrotes del vuelo,
y la libertad no está en la efímera belleza de mis alas.
Baja hasta mis labios, liba en mis cicatrices
Sedúceme en el instante último,
sé el guardián de mis despojos
mientras desde mi iris, turbio,
se trasmuda para ti, la crisálida.

1 comentario:

El éxodo dijo...

Sí, a veces la mariposa se acerca volando a una rosa y termina prendida para siempre -el siempre es un instante eterno, oscuro, mudo, quieto, frío y efímero- en una de sus espinas.

Un abrazo.