miércoles, 13 de noviembre de 2013

Este jueves con el seudónimo de otro, con palabras de otro




Su madre. Ese ridículo se lo debía a su madre que tuvo la peregrina idea de llamarle Monet en vez de Braulio, como su abuelo.
Su madre y esos delirios de grandeza, queriendo  hacer del niño una lumbrera, y sólo consiguió hacerle  un desgraciado.
No, no nació en París, si no en Villabajo del Ciruelo y creció rodeado de cerdos y  gallinas de Guinea, exóticas como su madre.
Difícilmente, con semejante patrimonio llegaría a ser un tipo ínclito.
Llamarse Monet, le predestinaba a ser grande. No pudo, por cuestiones de edad, codearse con  Cézanne, Renoir, Degas entre  otros, inquilinos empolvados de la biblioteca de su madre.
A  él le importaban un cuerno garabatos tan ilustres. 
Sus amigos eran sencillos pintamonas,  gañanes vulgares  y del atlético de Bollullos, para más desgracia.
La carpa del circo, vientre gigante donde se aloja la farándula, sería por esa noche el lienzo en blanco donde su madre estamparía la vergüenza.
Monet  (el de Villabajo) se maquilla frente al espejo. Adora la pintura que le disfraza la realidad convirtiéndolo en un payaso.
A veces cuesta desdibujar  las lágrimas.


19 comentarios:

Dorotea dijo...

Me has dejado con la boca abierta por tu interpretación de las palabras. ¡Menuda historia! Pobre Monet, ese del circo.
Un abrazo.

Valaf dijo...

Pues el oficio de Payaso, dicen, es de los más nobles y complicados, todo un arte al alcance de muy pocos. Si Monet consiguió ser un buen payaso, a buen seguro despertaría los recelos de tan ilustres genios del arte.

Las palabras están cosidas al relato de una forma magistral.

Un beso

censurasigloXXI dijo...

Al fin y al cabo, casi tenían el mismo objetivo en la vida, el de plasmar, sin mostrar, una impuesta realidad, cada uno a su modo.

Rosa, bravo.

Beso y café.

Natàlia Tàrraco dijo...

Pobre Monet, no había lotos en el campo de cerdos. Mala cosa las madres directoras de vidas, por lo menos encontró un digno trabajo, de los mejores, payaso...no llores.

Muy excelente este darle la vuelta a las cinco palabras, con tu acostumbrada e intensa genialidad. Besito y a Monet el payaso.

G a b y* dijo...

Qué relato, por todos los dioses del Olimpo y más allá! La verdad, has calzado las palabras tan espléndidamente en una historia que conmueve, hace reflexionar y muestra, esas cosas de la vida que a veces nos tocan en suerte (o mala suerte) a tal punto, que las cinco más el seudónimo, han de estar celebrando haber caído en tus manos. Te felicito!
Besos!
Gaby*

LAO Paunero dijo...

Me identifico con el comentario de Valaf. ¡lindo relato Rosa!!!!!

Cristina Piñar dijo...

No sería un pintor de renombre, pero llegar a ser un buen payaso tampoco es fácil, otra cosa es que le guste o no ese oficio. De todas formas, es cierto que su madre podía haberle puesto un nombre más acorde a Villabajo de Ciruelo. Un beso.

Juan Carlos dijo...

Si me gusta leer es porque uno se encuentra con relatos que se titulas Monet y terminan en un circo de pueblo.
Tan simple camino lo has llevado con tu buen hacer, haciendo sentir cada curva del camino que nos lleva de ese París 1900 a este pueblo interior del siglo XXI.
Besos.

Carmen Andújar dijo...

Me ha gustado mucho esa historia, de Monet. A veces un nombre te marca para siempre.
Un abrazo

Loquita Diplomada dijo...

A veces los nombres - dicen - determinan la personalidad. El caso del protagonista, si bien lucha contra la ocurrencia de su madre de llamarle así, de alguna manera es un artista, pues los payasos también tienen su arte y quizás uno de los más difíciles, hacer reír a la gente (a pesar de sus lágrimas).
Me ha gustado mucho tu relato.
Un beso, Jime

Mar dijo...

Cada uno es como es y el afán de la madre por intentar que su hijo sea lo que ella quiere, esta vez, no le ha servido.

Bss.

Auxi González dijo...

Que grandísimo relato sobre las cosas que, debiendo ser pequeñas, magnificamos hasta darles proporciones desmesuradas...

He recordado a Proctor, el protagonista de El Crisol, cuando se aferra a su nombre para no doblegarse ante quienes lo juzgan... ¡Porque es mi nombre! -grita- ¡Porque no puedo tener otro en mi vida! ¡Porque miento y firmo mentiras con mi nombre! ¡Porque no valgo la tierra en los pies de quienes cuelgan ahorcados! ¿Cómo puedo vivir sin mi nombre? ¡Os he dado mi alma; dejadme mi nombre!

Charo dijo...

Genial cómo has conseguido engarzar las palabras( he tenido que buscar ínclito) en el relato. Hay nombres que marcan de por vida, habría que tener más cuidado con eso...
Un beso

Alfredo dijo...

Entrañable esta historia de Monet, hazmereir de las carpas blancas.
La madre lo intentó, pero el entorno no acompañaba.
El texto si acompaña con precisión las palabrejas en cuestión.

Besos

Matices dijo...

No es fácil dibujar sonrisas... los niños son un público exigente.
Lienzos en blanco pintamos todos a diario, supongo que es cuestión de buscar los colores adecuados que iluminen el camino.
Artista, tu... amiga. Me encantó, pero que voy a decir yo, me pasa siempre.
Besos!!!

San dijo...

Una historia tan bellamente hilada que a las cinco palabras le has hecho un hueco perfecto.
!Ay Rosa!
Un abrazo, sevillana.

casss dijo...

Te has portado 10 puntos. Has escrito una muy buena historia.
Si veo a la cretina a la que se le ocurrieron esas palabras, le digo que te has lucido y que vaya preparando otras, que no hay quien pueda contigo...jaja

besos

Fabián Madrid dijo...

Muy bueno Rosa. Me ha gustado mucho.
Un beso.

Gaston D. Avale dijo...

Quizás no sabía que ya era grande por hacer sonreir a los demás... me encantan los payasos! un beso!