Otra vez...
Caminó
igual que otras veces hasta agotarse.
Un
cartel de neón anunciaba horarios de salida y llegada de los trenes.
La
envolvía el sonido metálico de la voz anunciando destinos e inconscientemente
viajaba de un lado a otro desde el humo de su taza.
Efímero
muro ese humo que detiene el viaje de sus pensamientos.
Otra
vez la cobardía, o el miedo. Y otra vez, agachando el alma y la cabeza, volvería a casa.
Otra
vez mordería la rabia y haría del silencio un vestido de fiesta.
Otra
vez ensayaría la sonrisa y la caricia.
Otra
vez la mentira le desgarraría las paredes de la razón, dejando a la intemperie
una realidad muerta. Otra vez, otra vez, otra vez...
Murió
de una sobredosis de infelicidad. Ahora es un cadáver sin carné de identidad y
el análisis de ADN no concuerda con el comentario de sus vecinas.
Nadie
conocía su adicción al sufrimiento inútil.













































