Gula
Va probando todas las viandas, se le sale la comida por las
comisuras, la grasa del bocado chorrea sus dedos, con gula se aprieta en la boca un trozo de carne, nueces y dátiles, montañas de fruta, dulces, chocolate rebosan
en bandejas de plata. Marisco, caviar, champagne… La bacanal durará toda la noche.
Las imágenes de un programa de televisión amargan los preparativos.
¡Que desagradable, Bautista, quita eso ahora mismo, que
asco, esos niños rodeados de moscas, famélicos, parecen marionetas rotas, dañan la vista!
Un poeta ajeno a la queja, recita:
“Tirante como pellejo de tambor,
sonando a hambre en
el reloj sin horas.
A penas se roza con
la débil tela de colores,
su panza negra se
sale del esqueleto, pedigüeña.
Grita la sed y se resquebraja el mundo que cabe en
sus pupilas.
Con los labios apretados cruje la quijada
y se retuerce la piel
en la frontera del grito.
Amamanta al aire,
mece al llanto, muere adentro
guardando el turno a
la palabra.
A las manos, cobijo de polvaredas,
vienen a morir los
deseos,
hartas de rezo para
dioses sordos.”