San, nos propone hacer un relato utilizando estas doce palabras: Chispeante, tintinar, burbujas, lábil, vos, oleaje, tirillas, zalamero, ajonjolí, malote, torrente, beso.
Ahi va. Ponle música.
He de confesar que me pierden los hombres malotes.
Le conocí el otoño
pasado, me dejé llevar por su sombra lábil.
Con sus manos dibujaba en mi cintura
una media luna y yo cerraba los
ojos al resto del mundo.
Fue mío de diez a doce, iba o venía como el oleaje y me susurraba al oído mentiras salpicadas de ajonjolí.
Zalamero y dulzón su acento provocaba en mí el efecto de una borrachera.
Las burbujas de su risa se disipaban al borde del reloj y
como Cenicienta volvía a casa con la vida
envuelta en harapos.
Cuando llegó el invierno, mi corazón ya estaba hecho tirillas como si un torrente lo hubiera
arrastrado al moridero de besos.
Suena el tintinar de la razón. Sé que
no soy nada especial para él, que he de compartir su historia chispeante con otras mujeres, muchas mujeres a ritmo de
tango.
El profesor de baile me ha dicho: vos llegarás lejos.
El bandoneón calla.
































