Desde la ventana de mi corta memoria,
te veo pasar, con el disfraz de padre,
con la palabra rota, con las caricias ajenas.
Yo estreno sonrisa cada día cuando llegas,
esperando que sean el muro que detenga tu ira.
Como el gorrión, me poso en tus ramas buscando cobijo.
Sin entender el grito, vuelo de un bando a otro, perdido.
Me ahoga el sustento y mi garganta como estopa, calla.
Quiero ser grande para entender, pero los niños crecen a
destiempo.
La culpa, es un monstruo que me despierta por las noches
cuando la cárcel de mi miedo no es suficiente para pararte.
Yo te quería, yo era tu amigo, yo te contaba mis cosas,
te prestaba mis lapicitos de colores, te dejaba jugar con mi
pelota…
El sol se ha nublado
para maquillar los golpes, mi madre no
grita.
¡Los hombres no lloran!, me sentencias con el dedo,
Pero lloro, escondido en la sinrazón de tus palabras.
Y el reloj se para.
¿Quién le dirá mañana a mi maestra que no iré a la escuela?
¿Quién le pondrá agua y comida a mi perro?
¿Quién jugará con mis
amigos en la plaza?
¿Quién escuchará los cuentos que se inventa mi abuela?
En mi cajita de tesoros
guardaba el futuro. Tú lo has
robado.
…Te veo pasar, con el disfraz de padre, pero desnudo de
sentimientos.
Mis preguntas son
afiladas como una guadaña, ¿por qué,
por qué, por qué, por qué?
Si tan valiente eres, respóndeme sin desangrarte.