Se empeñan las
golondrinas en retocar el barro de sus nidos, se empeñan las esquilas en medir
el paso del rebaño, mientras la polvareda sube cubriendo las campanillas.
La enredadera se recuesta en la tapia salpicando de flores el postigo.
El verano estrena un
vestido de colores y por el entramado, juegan al escondite los pájaros.
Los gatos y yo entornados los ojos, rendidos al aroma, vemos
como se mecen púrpuras y rojas las flores de un día.
Esta belleza efímera sembrada en mi patio, me confirma que la vida es sólo un instante.
Al anochecer me apago, aunque se empeñe el amor en darme una
tregua.













































