La última toma
No podría pasar otra noche en vela, tanto ser otra, me está
matando.
Por las grietas de la ventana se cuela el aire imitando el
llanto de un niño. A mi ya no me quedan nanas.
Mi latido se oye al
otro lado de los muros de ésta realidad de atrezzo.
Cierro los ojos para dejarme morir.
El director me acerca una taza de café.
Es la última toma.
Apuro el veneno sin que se note que verdaderamente es el fin
de mi obra…
Siempre hay un idiota que no sabe de qué va la película y aplaude diciendo: “Nunca había visto a
nadie morirse tan bien. ¡Qué irse! ¡Qué apagarse!"
Las ambulancias amortajan las sirenas.
¡Corten!













































