lunes, 15 de diciembre de 2008

Cena para dos


Cena para dos


-Que desperdicio de mujer-, le dice el espejo cuándo su imagen se abre paso entre el vaho de los cristales de la cocina.
La realidad no se para, como ese cacharro adosado a su rutina. ¿A que sabe quererse tan poco?
Suena el “tinnnnnnnng” de su corazón inoxidable, echa humito, señal inequívoca y conclusa de una triste cena para dos.
No se debe brindar con agua, y sin embargo brota desde el duralex un ansia de festejo que por no despreciarlo, beben y beben y vuelven a beber en el más absoluto silencio.
Antes, un monosílabo bastaba para que de sus ojos saltaran chispitas, hoy tienen que echar mano del diccionario para descifrar el bufido y encontrar una respuesta igual de corta y adecuada para no desentonar con el desprecio.
A todo esto, placebo para curar un amor hecho trizas, se pasan educadamente el pan y la sal, y hacen verdaderos esfuerzos por no utilizar el tenedor en la batalla.
Llenan de agujeros el trozo de pollo como previo ensayo de una masacre anunciada.
Con desgana, se devoran y se les sale la rabia por las comisuras de los labios.
¡Que asco!
Definitivamente, un desamor viejo, es la mejor receta para morirse día a día de hambre.

3 comentarios:

ralero dijo...

Sí, sin duda. Lo mejor sería que cada uno cenase por su cuenta. Aunque fuese pan y agua.

Un beso.

Zafferano dijo...

Jejeje. Qué bien lo has descrito. La anorexia de los sentimientos.

Un besote preciosa!

QWS dijo...

¡Qué triste pasar de las chispas a los bufidos! Una amarga cena sin duda.

Espero que la tuya haya sido dulce y que dulce sea tu entrada de año.

Besos.