jueves, 7 de julio de 2011

Relato de jueves "Queridas palabras 2"



(Un relato utilizando mis diez queridas palabras de la convocatoria anterior)


Tuvo miedo cuando su aliento talló el cristal del espejo. Su adiós segó el aire del patio y aprendió a morirse poco a poco, como la sombra de la aspidistra.
En el reloj de su espalda se pararon los días descontando las caricias, ahora sueña una cuna donde el deseo de los amantes germine…
Parió sola. La luna contada nueve veces, se recostó en los tejados, el solano trajo el rubor del trigo, estalló el llanto en una mirada violeta y le esperó el resto de su vida.
Nunca más volvieron los titiriteros al pueblo.

sábado, 2 de julio de 2011

Relato de Jueves-sábado "Queridas palabras"



-Diez palabras sacadas del Diccionario Particular de Rosa Desastre-



Espejo: Pincelada de miel para sonrisas rotas.

Solano: Susurro del sur donde arden los veranos.

Caricia: Brújula que confunde la geografía de mi centro.

Silencio: Laberinto de yedra por donde trepa la duda.

Cuna: Abrazo sin coartada para dormir al amor.

Amante: Cábala incompleta. Uno, mas uno, todo.

Titiritero: Caja de música donde viven los corazones de madera.

Aspidistra: Grieta verde por donde respira la cal de mi patio.

Reloj: Cuchillo de tiempo que graba iniciales en la corteza de los días.

lunes, 27 de junio de 2011




"Porque todo el mar no cabe en una caracola,
tanta mujer se derrama en estos versos.
Sirena de cualquier viento,
salina seca"

jueves, 16 de junio de 2011

Este jueves, "palabras para una imagen"



Como un lienzo pintado, la mañana,
a pinceladas rotas se abre de par en par ocupando la ventana.
Entrecierro los ojos buscando un perfil entre los verdes,
un trazo de tu ausencia en la lejanía,
un azulado junco que sobreviva añorando los charcos.
¿Qué color tiene el dolor?
Cada amanecer es un borrón de luz derramado en la paleta.
El horizonte se desviste y se entrega.
Ven, llegarán enseguida los gorriones a pactar una tregua con la tormenta.


(Estare todo el fin de semana en un encuentro de poetas en Avila, pasare por vuestros blogs a partir del lunes)

jueves, 9 de junio de 2011

Relato de jueves "Los Pies"



Había cosas que no tenían arreglo. Mis pies por ejemplo. Feos hasta doler.
Pensé exibirlos en un circo y para eso me entrené sometiéndolos a posturas grotescas. Escribía y pintaba con ellos, me contorsionaba hasta persignarme con el pie, cosa irreverente según mi madre, que me hizo desistir de mi sueño de artista.
Fui una adolescente guapa. De ese modo, quien me miraba a los ojos o un poco mas abajo, nunca llegaba al espectáculo de mis extremidades inferiores.
Me casé con un snob. Un partidazo.
Hace unos días me sorprendió con un regalo. En la caja decía “Garra Rufa” y el azar, caprichoso o inepto cambió las etiquetas en el momento mismo del embalaje.
Las crías de piraña no entendían de Ictioterapia y se limitaron a hacer lo que sabían.
Ahora tendré que donar mis zapatos a “Absurdos sin fronteras”

viernes, 3 de junio de 2011




No, no, no es necesario, -decía la Mandamás-, no es necesario que tengan que participar todos los niños. Además Hilario, que está en su silla de ruedas, entorpecería la obra, el no entiende, no habla y constantemente grita y se le cae la baba, no será agradable ni lucido que ocupe un lugar en el escenario. Usted elija a los más listos, procure que los niños salgan guapos y que sus padres guarden un buen recuerdo de la fiesta de fin de curso…
Salí de aquel despacho como quien huye de la guarida de una alimaña. Vomité el desprecio sin palabras y no quise llorar. No es papel relevante para una profesora de teatro.
Los ratos de ensayo fueron un regalo. Perdí cuatro kilos y gane los besos más sinceros de aquellos niños que jugaban muy en serio a ser actores.
Hicimos nosotros mismos los decorados y los ropajes que conformarían las cuatro estaciones, la gente del pueblo, un narrador y un Rey.
Veintitres alumnos, todos guapos, todos listos, todos protagonistas ante unos padres orgullosos.
Hilario llevaba una corona de papel de plata, pero su entusiasmo era de oro. Limpió su baba con la manga del traje real y gritó de alegría viendo como le rodeaban sus súbditos.
Fue un éxito.
Afortunadamente, las alimañas no salen en las fotos.

martes, 31 de mayo de 2011



Mi gato y tú os pareceis.
Sois libres, pero volveis a mi regazo cuando os faltan las caricias.
Cuando se va.... o te vas.... callo sin esperar el regreso.
Si me miran sus ojos glaucos, no se lo que piensa.
Cuando tú me miras, sé. De sobra sé.
Por eso muerdo el perfil de la luna si sonries
y alargo el deseo hasta la noche sin dueño.
Luego ahogo mi maullido en la almohada mientras él
se aleja sigiloso por los tejados.
¡Que manera de querer, la vuestra!

martes, 24 de mayo de 2011

Relato de jueves: "Tres personajes en busca de una historia"



La herencia

El traje de Sebastian olía a alcanfor, las solapas raídas, los botones de la chaqueta desigualados, y en el bolsillo un pañuelo doblado en cuatro partes de aristas amarillas.
Cecilia, también había sacado de su armario las mejores galas, aquel vestido floreado que estrenó en su tornaboda y que hoy le estallaba en la cintura.
La ciudad los engulló a penas bajaron del tren. Las calles tan largas, la gente tan de prisa, las casas tan altas… allí les había citado el notario para entregarles una herencia.
Habían hecho cábalas y de las cábalas, preguntas y de las preguntas, dudas.
Se negó. Mil veces se negó y por no transgredir la norma, puso su huella dónde decía “firma conforme”.
Volvieron al pueblo con el camello.

lunes, 9 de mayo de 2011





He comprobado que los cerdos no vuelan. Era esa una asignatura pendiente que me fue arañando las vísceras hasta sangrar por la voz.
Le grité mientras caía.
Asomada al balcón, noté como el viento ejecutaba una danza macabra sobre mi pelo y desde el entramado intermitente, me dejaba entrever su vertiginoso viaje hasta el suelo.
Le grité mientras el eco rebotaba de uno en uno por los once pisos que nos separaban.
Como siempre, no me oyó.
Aquello, evidentemente no fue un efusivo abrazo.
Pensaría que le amaba, seguramente.
Le grité, le grité, le grité… para sacarlo de su error.

jueves, 5 de mayo de 2011

Relato de jueves: "Comida"



(Disculpad si mi relato no encaja exactamente, pero se me vino a la memoria y retrocedí mas de cuarenta años para contaros esta historia real)


Se limpiaba el sudor con un pañuelo de yerba mientras espantaba a los chiquillos que, curiosos, metían las narices en sus pertenencias mientras él, descargaba y montaba los guaytomas.
Viejas y descoloridas cunitas daban vueltas de reclamo hasta que alguien se decidía a comprar un billete.
Cada año llenaba la plaza de colorines y acudíamos a ponernos en fila para ser los primeros en volar más allá de las acacias.
Desde mi ventana podía ver el improvisado hogar que montaba a la espalda de la atracción, una casa con cuatro lonas, cuatro palos dónde colocaba el camastro, bajo éste, una palangana y una caja de cartón con su ropa. Un infiernillo de petróleo y dos peroles para cocinar, una lámpara de carburo para alumbrarse, la manta del perro, la trompeta y un espejo.
La primera noche cenaba de la escasa caridad de los vecinos. Vi como cortaba un trozo de tocino sobre un morrongo de pan y las pocas migajas las relamía el perro, pardo y flaco, atado a mi reja.
Por la mañana, se oía, aún adormilada, la melodía de su trompeta alertando a la calle.
En mi mesa había un tazón de leche calentita, tortas de aceite, algo de fruta, miel y chocolate negro. En su mesa, zurrapa de cebada tostada, sobras de manteca rancia que untaba en las cortezas duras.
Yo tenía de todo menos hambre…
Los niños le llamábamos “Tararí”.
Las vueltas que da la vida. Guaytoma destartalado en la plaza de mi memoria.

martes, 3 de mayo de 2011




Resquebrajado como piel de tambor, un hombre cualquiera
marca el eco de otra piel en mi piel.
El deseo como un látigo, me deja heridas sin voz.
Esquina de tiempo dónde la vida aguarda
el paso de los relojes ciegos.
A quebranto sabe el silencio de la campana rota,
Un nombre cualquiera escrito en la umbría,
garabato indeleble que habita en los escombros de la memoria.

domingo, 1 de mayo de 2011

Detalles





Se que nunca te has fijado a dónde van, cuando al anochecer los persigue la luz hiriente del faro.
Cegados, se escapan entre los dedos del agua y se dejan morir en la otra orilla…
A quien le digo yo, que me crea, que inundaron mi espejo.
Dejé de mirarme el día en que descubrí en tus ojos, la sonrisa amarga de los peces.

miércoles, 27 de abril de 2011

Relato de jueves "Noches de radio"




-Radio Boreal, son las tres de la madrugada, les habla Ro Dorado desde el 95.5 del dial, al filo del programa “Extraños de papel”-
Levantó la mano mirando al cristal y al otro lado entre vinilos, Federico, pinchaba la melodía que daba paso al programa. La sinfonía 101 de Haydn llamada Del reloj.
Íntima, repasaba el guión, inventaba la vida de los anónimos protagonistas elegidos de entre cientos de cartas. En los escasos tres minutos que duraba la música, ponía rostro a los renglones. Luego, su cálida voz arroparía la soledad multitudinaria de los del otro lado.
La taza de café, aliada en la tarea para disuadir al sueño, sabe del temblor de sus manos, sabe de la helada costumbre de perderse tras el humo mientras la noche le parcela el dolor.
Al reloj de Haydn le sobra tiempo. Ella sin embargo, mendiga al alba los últimos minutos.
No, no quiere llegar a su casa, a la rutina, a la felicidad de la tela de araña, al silencio, a la mentira que tiñe de desamor las paredes de su cuarto.
-Amanece… Desde Radio Boreal, Ro Dorado se despide colgando en las ondas besos de sol. Nos oímos mañana, cómplices, extraños de papel…-
Federico se quita los auriculares dejando a medias una canción.
La vida en la radio no se detiene.

jueves, 10 de marzo de 2011

Un relato para el jueves "Ella"


Ella

A mi hija le da miedo entrar en la sala cuando ya la tarde deja sombras en las ventanas. Ella está ahí, en la foto sepia.
A mi bisabuela María nadie la enseñó a sonreír. Majestuosa, apoyada en la silla de madera negruzca, el pelo tirante recogido en un moño, festivos zarcillos oscuros como el resto del atuendo. Triste, taciturna, seria, la sigue con la mirada.
Parió dos hijas y éstas a su vez, otras dos cada una.
Mi abuela llevó en su ajuar la fotografía de la matriarca, herencia obligada por ser la mayor. Sobre el cabecero de la cama se alzaba mayestática su presencia, vigilándolo todo.
Cuando mi madre, la primogénita, se casó, pasó a ser la dueña del retrato y éste presidió el comedor. Nunca llegué a acostumbrarme al regusto amargo que dejaba su presencia en las sobremesas.
Yo comía poco y me crié endeble como un junco, aún así fui capaz de perpetuar la especie dando vida a otras dos mujeres según costumbre en la rama familiar.
No pude negarme, cuando llegado el momento, debí recoger el testigo y dar un lugar preferente en la sala a la dama sin sonrisa que dirigía nuestro destino.
Mi hija será la siguiente en disfrutar la herencia si es que yo me empeño en morirme, pero me voy a resistir para liberarla de la carga…
He oído que mi nieta le decía a su madre: -La abuela chochea, ha llenado la sala de mariposas descoloridas-
Están hambrientas. He calculado lo que tardarán las polillas en engullir el luto y el rictus de la bisabuela María. Exactamente las horas que faltan para que amanezca.
Mañana todos seremos unos felices pobres desheredados, sin paredes dónde clavar alcayatas para colgar miedos.

domingo, 6 de marzo de 2011

Diario




Se ajusta a los renglones de la libreta.
Junta tanto las palabras que a veces no dicen.
Escribe para sí y borra la historia que hay más allá de ayer.
Pero por más que lo intenta, no pasa página.
La tinta atraviesa los días que son tan iguales,
los ensarta de gris en gris,
y duelen tanto
como el collar prestado de los domingos.

martes, 1 de marzo de 2011



No me esperes esta noche.
Echa la llave dos veces,
Apaga la candileja,
Cierra los visillos del todo,
deja la azalea al relente.
No me esperes ni despierto ni dormido,
No calientes mi lado de la cama,
Llegaré tarde… y cuando digo tarde,
Puede que sea nunca.

jueves, 24 de febrero de 2011

World Builder... el constructor del mundo





El barro delator se queda en su ropa, en las uñas y en el flequillo, cuando por apartarlo de la frente, se unta el légamo con el dorso de la mano.
El agua, aliada de esta contienda, se lleva la mitad de la tierra al fondo, la otra mitad lava sus ojos inquietos.
Cada tarde guarda con cuidado las figuras en una caja hecha con juncos y eneas que crecen a la orilla del rio.
No hay prisa, él es aún muy niño y el mundo que construye sólo le hará falta cuando sea un hombre.
A los constructores de ilusiones nadie los avala, a los hacedores de sueños tampoco, a los niños que ensayan una vida nueva, menos aún.
Ya se que dirán que es imposible que entre la luz por las ventanas de barro, imposible que de sus árboles de barro se recojan frutos, que a sus plazas y calles de barro no llegarán los gorriones.
Le dirán que alumbra poco su sol de barro y que a los chopos les falta la plata en sus hojas, ¿que sentido tienen las flores de barro? dirán.
Cosas de niños.
Con sus manos de hombre siguió modelando auroras, parceló el mar, sembró amigos, borró palabras del diccionario, abrió la cárcel de las mariposas…
Crecieron los vientos y los años hasta que su mundo de barro se le escapó de las manos.
Hoy vive rodeado de escombros del ayer y algunas veces, como si retirara el flequillo, se unta de recuerdos la frente y se le escapan los sueños a la par que las lágrimas.
No, a los enfermos de Alzheimer no les dejan jugar con el légamo.

domingo, 20 de febrero de 2011

Grieta sin voz



Me duele el ruido del agua,
el éxodo del barro cuando tus pies llegan.
Me duele el trasiego de las hojas sin invierno,
la soga que te ata a los amaneceres.
Me duele tu voz de junco, tus ojos hueros,
el temor, la duda, la costumbre.
Me duele la copia inexacta de tus caricias,
la nausea del tiempo que nos desviste.
Me duele el cauce irregular de tu sangre,
el grito, la tregua, la indiferencia.
Me duele,
cuando los cuencos de viento rebosan
sobre la grieta sin voz de mi desdicha.

martes, 15 de febrero de 2011

Amor en un minuto



Esta mañana me llamaron de la Cadena SER, Madrid Sur... Fue un regalo.
Y aqui estoy, ganadora del primer premio de relato breve "Amor en un minuto"
Mi pequeña historia es esta:

-El sonido del silencio-

Me tiemblan las manos mientras busco la agenda en mi bolso revuelto.
Deposito las monedas en el teléfono con el mismo miedo y la misma ilusión de quien las arroja al pozo de los deseos esperando con ansiedad que se cumplan.
Dos tonos... tres, cinco... Cierro los ojos al oír su voz saboreando cada palabra.
Espero una caricia de amor que le sobre, porque sólo soy dueña de su sueño a deshora. ¿Si? ¿Diga? ¿Quién es?
Callo.
Muerdo la rabia de ser “la otra”.

jueves, 10 de febrero de 2011

"Besos" para el relato del jueves



Veo caer todos los minutos desde el reloj de pared.
La noche, ese mercado de sueños, donde se pone el amor en venta,
se abre de par en par y me incita a buscarte.
Mis manos, cuencos de oscuridad, mendigan la luz de tu deseo.
En el umbral del alba muerdo tus besos para saciar mi sed.
De canela es el perfil de tu boca.
Me embriaga respirar tu sabor de mar mientras pones en mis labios mariposas de miel.
¿A que saben los besos azules?
Amaneces en mi almohada y ya no se cuantos besos de amapolas te debo.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Despedida





Sale a borbotones. Una silente historia se derrama entre mis dedos, baja escandalosa tiñendo mi geografía.
La sangre nunca fue mas libre, nunca reguero tan caliente me dio escalofrío.
Ya es tarde.
La cuchilla se atranca en la piel.
Ahondo sin dolor alguno apartándome de estas orillas. Mañana, por primera vez serás tú quien friegue el piso y lave la ropa, y no me importará si apartas mi cuerpo como a un estorbo.
Coseré tu conciencia con el último hilo de vida que me quede para que la felicidad no encuentre ni una rendija donde anidar después que yo me vaya.

jueves, 3 de febrero de 2011

Este jueves: "Sentencia"




Te acuso

Fue ayer que te inventé.
Pero hoy, a los pasos contados,
a la luz incontrolable de la distancia,
a los amargos dedos de la caricia,
te acuso.
Que te condenen mi juez de tinta,
mis trozos,
mis hojas desordenadas,
mis puntos suspensivos...
Y en una cárcel sin renglones, te encierren,
olvidado y roto
los guardianes inclementes de mi indiferencia.


(ahora os dejo otra clase de sentencia)

"Tu eres a mi sosiego, lo que al pecador la conciencia. O sea, una molestia"

miércoles, 26 de enero de 2011

Relato de jueves: "Imagen disparadora de musas"



Tengo que hilvanar cada detalle, vestir al invierno con retales de fiesta y creerme que el gris instalado tras la ventana es sólo el capricho excéntrico de un artista, que mañana, resquebrajada la pintura, lucirán los anaranjados que anteceden a la felicidad.
Angustioso ajetreo tiene la calle, historias sin rostro se esconden en los portales mientras el hormiguero discurre patético sin saber a ciencia cierta a dónde va.
No entiendo el susurro de la soledad poblada.
Ni el viento. No ha venido ni el viento a bailar las banderolas.

domingo, 23 de enero de 2011

La cinta métrica






En mi bolso, desde hace unos días hay un objeto que se hace indispensable.
Desentona con el resto de cachivaches, usuarios perpétuos como el perfume, el carmín, el espejo, la agenda, el tarjetero, las llaves, el móvil, las gafas o el tabaco. Pero salir de casa sin ella es como salir sin bragas.
Cual sierpe hibernando en la caja de herramientas, pasó a ser la princesa despierta por culpa de un decreto.
No, no es para medir el tiempo, ni la cola del autobús, ni la distancia entre dos amantes.
Jueza de pleitos callejeros, se desenrosca descarada para darse a la ley.
Mi cinta métrica es sólo para saber a qué distancia estoy de no delinquir cuando me encuentre en un espacio abierto sin temor a que me agredan los valedores de las buenas costumbres.
Vivo, afortunadamente, creo yo, en un espacio bien dotado de las mejores infraestructuras, todo a dos pasos: hospital, maternidad, colegios, parques, guarderías, estaciones, tanatorio... y todo gracias a mi pequeña aportación de impuestos como ciudadana de bien.
Pues bien, bien, bien ¡que me tienen fichada por suicidarme poco a poco con la nicotina!
Al parecer no vale morirse de placeres efímeros, eso no es rentable para el gobierno.
Estoy pensando en apuntarme a borrachos anónimos que no está penado y aunque drogata, al fin y al cabo, bamboleante por la acera, podre recostarme en la puerta misma de un hospital sin que mi asqueroso vicio contamine, podre transitar los parques sonriendo bobalicona a los peques de los columpios aunque apeste a ginebra.
Sopesar que sale mas caro, si un trinki de aguardiente o una multa por encender un pitillo en la parada del 14. No sé, no sé.
Relío redondita mi cinta métrica, ¡que lío! a cien metros de no se dónde, a cincuenta de no se de quienes, a otros cien de ninguna parte uffffff, que gasto inútil de kilometraje.
Al guardarla, tropiezo con la barra de labios, me pinto de morado la sonrisa, observo mas acentuadas las rayitas que bordean mis labios, el código de barras, que dicen los entendidos. Al final va a resultar verdad eso de que el tabaco envejece.
¡Vieja! No me había dado cuenta, creo que ya soy lo suficientemente vieja como para entrar en un asilo y alli si, alli se puede fumarrrrrrrrr.
Es por mi bien, ya lo se, me dicen los de la liga “anti cosas”.
¡Que bien huelen las flores, que armonía de sonidos sin las tos molesta de los apestados en los cafés, que delicia el tintineo de las cucharillas en las tazas, que blandito y rosado un pulmón sin alquitrán!
Llego a mi casa, cuento los ceniceros y las colillas. Cadena perpétua por lo menos.
Enciendo un cigarrillo. Placentera idiotez mis circulitos de humo.
Sonrio a salvo.
Miro por la ventana... El mundo sin fumadores es igual de jodido.
Me está matando el reúma.
Corramos un estúpido velo.

jueves, 20 de enero de 2011

Antidepresivo



Por aquello de que ir de compras aleja la depresión, mi hermana y yo nos fuimos de tiendas.
Esta vez nos alejamos del barrio, nos permitimos el desliz de irnos a la zona "rica" de la ciudad, a esos sitios dónde te cobran solo por mirar los escaparates.
Tuvimos el trevimiento de no ir adecuadamente vestidas, el atrevimiento de entrar a una de aquellas boutiques a curiosear... Se debia notar mucho que no eramos de la "jet" a juzgar por como nos miraba la dependienta. ¡Que digo mirar, nos estaba fulminando!
Pinta de delincuentes no tenemos, os lo aseguro, pero nos hizo sentir como si fuesemos dos elefantes de lunares rosa (que glamourrrr)
En una de aquellas idas y venidas por la estanterias mirando las prendas, se me ocurre preguntar el precio de un vestido. La chica, con el mas absoluto desprecio nos dijo: "Es caro, es que es de firma"
Por no ponerme a su altura, eche mano del sentido del humor y le contesté: "Aaaahhhhh, ¿y yo pa que quiero un vestido firmao, si no se ni leer?
En fin....pobrecilla, no sabia donde meterse y mi hermana y yo llenamos de carcajadas las calles pijas.

miércoles, 12 de enero de 2011

Relato de Jueves "Historias calentitas"



A sólo cien metros se encienden las lucecitas rojas de la Casa Turquesa.
Esta noche, como otras, la escarcha talla caprichosas figuras en los cristales.
En la acera de enfrente, entre cartones, emulo el parpadeo del neón y me desnudo lentamente detrás del humo de un cigarro.
El infortunio podría ser el nombre de un grupo de jazz de moda. Pero no.
El infortunio es sólo la música de los desheredados.
Danzan mis dedos hasta transformarse en un gesto pedigüeño.
Tiemblo de verguenza.
El borracho de los miércoles deja un billete arrugado en mi bolsillo.
Aquí no paga impuestos por cada caricia.
Me babosea, me toca, me posee, me usa, me hunde, me humilla, me olvida...
En la Casa Turquesa, las putas no pasan frío.

miércoles, 5 de enero de 2011

Regalos




Lléname los zapatos de pasos hacia ti,
guárdame del espejo ingrato de los charcos.
dibújame besos al trasluz de tu magia,
endúlzame los sinsabores del tiempo,
siémbrame de certezas los sueños,
susúrrame al oído, que vienes para quedarte,
tráeme las sobras de tu dicha,
que, de verdad, no me importa...
Ser la otra.

lunes, 3 de enero de 2011



Arbol hueco,
almáciga de gusanos.
Nunca la lluvia preñará sus brotes,
Y yo tendré que buscar la sombra en jardín ajeno.

domingo, 26 de diciembre de 2010

Propósito de enmienda




Tu dices que me quieres, que me intuyes preciosa, que me piensas dulce, que me sueñas joven, que me crees coqueta, que me sientes alegre, que me esperas tuya…
No quiero engañarte, no debo alentarte, no puedo dejar que me lleves tan dentro, que me eleves tan alto.
Mírame.
La magia de la Navidad, evidentemente pasó de largo.
Aceptame tal como soy.

jueves, 23 de diciembre de 2010

"Villancico" Relato de jueves





Llevo horas mudando cachivaches en mis recuerdos, huele a miel, a matalahúga y ajonjolí, a castañas asadas, membrillos con canela, pestiños, rosquillas de anís…
En la plaza hay luces de colores y estrellas de plata colgadas de los árboles. Algunos chiquillos zarandean las panderetas y desafinan con la inocente voz puesta en el villancico.
La candela, como toda la casa, está en calma; a veces, el fuego cruje y se expande agrandando las sombras en la pared, vistiendo de rojo festivo los troncos.
Con una copa de aguardiente se agasaja a los vecinos, que, vestidos con el traje de los domingos y la boina nueva, vienen por la casa a felicitar la Navidad.
Mientras las mujeres amasan los dulces, los chiquillos hacemos barcos con las cáscaras de las nueces y navegamos en la pila del patio hasta que los dedos se arrugan como garbanzos…
Canto con el corazón desacompasado aquel villancico que me enseñó mi abuela, guardo la voz entre baúles, cierro la puerta de mi niñez.
Tengo que volver antes de que anochezca.
Mañana es Noche Buena.

lunes, 20 de diciembre de 2010

A cada uno de mis amigos



Tantas cosas ya dichas, no me sirven para ti,
porque Tú eres especial.
No me vale cualquier amor envuelto en papel de colores,
la paz condicionada,
la felicidad en jaula de oro.
Amor, Paz, Felicidad...
Quiero deshilachar la luna para zurcir tus sueños rotos,
ser un cascabel para tu alegría,
el guardián de tu lumbre,
el tamiz de tus dudas.
Quiero afilar el lápiz de mis sentimientos,
para ser un garabato escrito en tu alma.
Desnudarme en las palabras… ofrecerme.
Eso quiero para ti, esta Navidad.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Relato de jueves "Historias de ascensor"



Hicimos el amor como si se fuera a acabar el mundo.
Si, si, ya se que te parece una barbaridad a mi edad, pero me hizo arder en segundos.
Hacía mucho que no me sentía deseada de ese modo, hasta llegar a la locura que supone tragarse los gemidos por temor a alertar a los vecinos.
Nada fue improvisado, llevábamos meses planeando el encuentro. No había un lugar mas seguro para dos infieles.
A esa hora, en su casa, su mujercita estaría poniendo la mesa, mirando el reloj para tener a punto la sopa, olvidada completamente de parecerle hermosa.
A esa hora, en mi casa, mi marido dormitaba en el sofá después de tragar sin comentarios la comida, cerró los ojos sin reparar en mi carmín nuevo, mi falda corta, mi pelo cuidado.
Sincronizados, él, aparcó el coche en la esquina. Yo, bajé a tirar la basura.
Nos cruzamos en el portal, justo cuando los niños del segundo volvían de la escuela con la algarabía propia de una desbandada de pájaros.
El vecino del cuarto derecha, ese que nunca saluda, nos robó cuatro minutos hablando del nuevo presidente del Betis.
El ascensor de los pares subió con los niños y el vecino. El de los impares nos invitó a perdernos.
La pasión se multiplicó en todos los espejos mientras subíamos al piso diecisiete y bajábamos de vuelta a la realidad.
Me abroché la blusa, bajé mi falda mientras él se alisaba el pelo y la corbata y me miraba aún, derritiéndose.
Una última ojeada antes de que se abrieran las puertas y ensayamos ser dos extraños coincidentes.
Al salir nos encontramos con los operarios de una empresa de seguridad. Buenas tardes señora presidenta, -me saludaron- desde esta mañana está instalada, tal como se acordó en la última reunión de propietarios, la cámara de video dentro del ascensor para averiguar quien es el vándalo que roba las bombillas y hace pintadas en los espejos. ¿Me firma usted el albaran por favor?

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Noches de franela



Siempre fue una desventaja llamarse Nazaria.
Nazaria vive calle abajo, allí donde las noticias dan la vuelta.
El cartero no necesita apellidos, la conoce por la solterona, desde siempre.
Hoy trae una carta para ella. No tiene remite. Las letras picudas dejan un paisaje tembloroso y azul en los bordes de su nombre.
El buzón de Nazaria está por estrenar, el tiempo selló la boca de la espera y el hambre de noticias parió un desierto de cal.
Crujió la madera bajo los nudillos al segundo golpe, Nazaria sale a entreabrir la vida. El sobre viaja hasta su mano. Heredera súbita del pálido papel, no sabe donde alojarlo. Lo mira la noche entera.
Su cuarto es un mundo pequeño donde sueña perderse. Su cama parece una primavera inconclusa. Las sábanas son un erial de espliego y alhucema que envuelven su piel huérfana de caricias.
Tiene miedo de ser dueña de algo y renuncia al título de destinataria.
Rompe las noticias en mil pedazos.
Mañana mismo se cambiaría de nombre.
Nights in whit satin.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Preguntas




¿Que muro de mentiras nos separa el corazón de la sonrisa,
Que cárcel nos encierran las palabras y los sueños,
Que ceguera nos recorre la mirada y el deseo,
Que extraña frontera nos aleja del susurro y la caricia?

Un cuchillo de silencios abre surcos en la sangre
Para dejarnos vacíos.
Muro
Cárcel
Ceguera
Frontera
Cuchillo

-El desamor se abre paso alimentando con reproches
A los buitres hambrientos de la culpa-

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Relato de jueves "redes sociales"



Control

...Y pensó que en aquel rincón estaría segura.
Se sentó en el suelo acurrucándose para ocupar menos espacio y fue despojándose de sus cosas inútiles haciendo con ellas una pared imaginaria con esa amalgama de aire viciado que le rozaba la cabeza.
Un circulo imposible donde solo tengan cabida ella y sus pensamientos.
A salvo por fin, sin tener que girar una y otra vez el reloj de arena de esta vida controlada.
El silencio le interroga: dónde, con quién, a qué hora, cuándo, porqué, para que... Y cada vez al levantarse ha de sonreír.
Sonríe a las siete y diez cuando comienza su día.
En la estación mil ojos.
Control.
Sonríe al guiño metálico de una escondida luz roja.
Control.
Sonríe ante la ventanilla del banco.
Control.
La esquina, la biblioteca, el ministerio, el supermercado.
Control.
Desde el escaparate.
Control.
El teléfono móvil, las caritas animadas de su mail, el balcón del vecino, la mirilla dorada de la casa de enfrente.
Control.
...Se va desnudando y la pared crece y crece mientras, yo, LA LIBERTAD,
cubro su desnudez con mi bufanda de necedad...
Control.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Mudanza




Le molestaban sus propios pasos. Alguna vez había odiado a las serpientes, hasta que le conoció. Después, el asco se mudó hasta su piel.
Se arrastró por demasiadas cosas, hibernó en su tiranía, se olvidó de ser.
Silente, abandonó los zapatos de tacón de aguja.

viernes, 29 de octubre de 2010

Halloblowen "La hija del enterrador"




No éramos una familia normal. Sólo bastaba un detalle para delatarnos. Vivíamos en una casa sin esquinas. Así explicábamos sin más detalle, cuando alguien preguntaba por nuestra dirección.
Raros, éramos básicamente raros. “Básicamente” según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, venia a decir más o menos: “Con arreglo a los principios y fundamentos de algo.”
Y desde el principio mis padres, fundamentados en no se que cosa del amor, decidieron contraer matrimonio aunque no tenían donde caerse muertos.
¡Que ironía! Le ofrecieron trabajo de enterrador y ocuparon una vivienda sin ventanas, adosada a las tumbas que daban al norte, oscura y húmeda como corresponde a cualquier osario de cualquier cementerio.
Allí nací yo, básicamente normal, pero inservible para los planes.
Quisieron cambiarme por un ternero en el mismo instante del alumbramiento pero el candidato al trueque no estuvo de acuerdo. Argumentó sin fundamento, que tenía una tara. Sonreia.
Mi madre me escondió. Yo la vi parir un hijo cada año, todas mujeres, feas y sin tara.
Su futuro estaba asegurado. Aleccionadas magistralmente, se convirtieron en las mejores plañideras de toda la comarca, impecables en cuanto a la palidez y el grito y dependiendo de si el muerto era de familia acomodada, hasta fingían un desmayo que terminaba con convulsiones y un vómito de sangre negruzca que daba un efecto trágico al evento.
Conmigo no se ganaba dinero así que mi casorio se amañó pronto. La dote era yo misma y la advertencia de que pasara lo que pasara, no sería devuelta. Mi madre me dio consejos, mi padre nada.
Me chocó verme de repente en una casa con esquinas. Por fin pude llorar por los rincones.

jueves, 14 de octubre de 2010

"Aciertos y equivocaciones" Relato para el jueves




Dudaba si contarselo a mi madre, temí que su ya precaria salud no aguantara la noticia. Quizás fuera la última vez que me diera consejo y seria quizás la primera, que yo no le haría caso.
Ella sabía que algo pasaba, no me miraba de frente y sus ojos achicados por los años, desviaban mis explicaciones a lo oscuro. No hay tiempo para adornar el silencio. No lo hay, madre.
Entonces, poco dada a los abrazos, me acunó por una eternidad antes de la única pregunta. ¿Porqué?
Ni un reproche.
Caminé sin mirar atrás. No supo si lloré.
La gente tiene razón… fui cobarde. Igual mi suicidio fue un error.

viernes, 8 de octubre de 2010



A veces, se acerca el horizonte
a la guillotina de mis párpados
donde la ciega frontera del día agoniza.
Por la herida de luz brota la noche,
y descosida por los bordes
me traga.
Dormir, dormir, dormir…
Para despertar masticando ceniza.

domingo, 26 de septiembre de 2010

I CONCURSO MUNDIAL DE ECOPOESIA 2010


Participaron en este concurso 571 poetas de 37 paises... entre ellos yo.
Mi poema "La sed" está entre los cien seleccionados para la edicción de un libro a cargo de la organización POETAS UNIVA.

La sed

Se secó el barro antes de la llegada del otoño. Allá por octubre, cuando las orillas eran el principio de la desolación misma, la retama de un pálido amarillo se extendía adueñándose del légamo hasta robar la última gota de agua.
El cauce era ahora un hilo de verdina sin ruido que escapaba lentamente hacia las grietas.
Sentía la sed mendigando en los barrancos y al aire dulce barriendo el crujido de los álamos, mientras yo, clavada en el suelo, en medio de la nada, oía el canto de las chicharras.
Concierto de siesta en las esquilas; atraviesa desorientado el rebaño, de un lado a otro, el Guadalquivir seco.
Se disputan la única brizna de hierba nacida de la equivocación de la naturaleza, justo a mitad del lecho por donde un día, alborozada, el agua arrastraba esturiones hasta la desembocadura del Galapagar.
Una hoz afilada siega los veneros y la sequía se adueña del pantalán ahogando en abrazo los remos de las barcas, que como dedos clementes emergen del lodo.
Las beatas invocan al santo de la lluvia y antes de que suceda, me abandono al polvo por escuchar el arrullo ancestral del rio.
Octubre cegó los ojos a la corriente… Miedo me da la furia estancada.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Relato de jueves


-Miss Aurorita-


Ensarta cuentas de colores en el hilo de plata. Primero de dos en dos, las azules, y lunas de lentejuelas se quedan colgando para tragar la luz amarilla de la vela. Cuantas noches a puntadas, se han cosido las horas de su descanso hasta el amanecer.
En esa hora antes de que el sol ensaye, se quita los zapatos y recorre la pista de puntillas hasta situarse justo debajo del trapecio. Una música de violines desafinados que sale del carromato de los zingaros, le hace abrir los brazos y cerrando los ojos vuela desacompasada.
Gira y gira sobre sus pies deformes y el aplauso del domador de elefantes la destrona de golpe.
Su tristeza no cabe en la sonrisa exagerada del payaso y borra la pintura alegre de sus arrugas mirándose de reojo en el espejo sin azogue de la mujer barbuda.
Recoge la caja de abalorios y tapa la chispa delatora de su mirada de artista con el ala del sombrero trucado del prestidigitador.
Sale escondiéndose entre las cortinas de terciopelo que obedecen únicamente al toque de platillos del jefe de pista para abrir o cerrar la magia.
Remienda los agujeros de su fracaso con la misma aguja que cose brillos en la capa del hombre bala.
Huele a café fuera de la carpa. Ella lo tomará una vez haya dado de comer a las serpientes y después de sacar brillo a la bola de la pitonisa.
Cuando la vida despierta en el circo, ella duerme todos los sueños juntos.
Miss Aurorita no aparece en los carteles.

sábado, 4 de septiembre de 2010

Sábados literarios





No se puede ser mayor de un día para otro. Ayer, con catorce podía correr tras las gallinas para quitarle las plumas y hacerme una cabellera de jefe-indio magnífica, podía pasarme horas subida a la higuera escuchando el concierto de la acequia, podía traficar con los cromos y las canicas de los niños de la calle nueva, podía cogerme del brazo de Santiago sin que por eso fuéramos novios…
Hoy ya no. Hoy ha amanecido más temprano. Es quince de marzo en todos los calendarios de la casa.
No entiendo, de repente todo el mundo me dice que soy mayor. No, no lo entiendo, si todos los espejos me devuelven la imagen flaca y descolorida de siempre.
Como siempre la desgana, el pan con aceite del desayuno, la falda corta de los domingos…
Conforme avanza el día, la transformación se lleva a cabo sin mi permiso. Mi vecina Manuela me ha regalado un sujetador que no sé que me va a sujetar, mis amigas aconsejadas por sus madres, me traen un pintalabios y unos zapatos de tacón (difícil andamio para robar nidos)
Me he deshecho las trenzas. Mi melena llega más abajo de la cintura, cambio los lazos de colores y sujeto mi pelo rebelde con una horrible diadema de brillantitos que me ha comprado mi madrina.
Tengo quince años a las siete de la tarde porque lo dicen las velitas de mi bizcocho de chocolate, porque se nota en mis labios rojos, en las tirantas del sujetador de encaje, en los zapatos que me aprietan los pasos, en el pelo suelto…
Santiago me mira muy serio desde un rincón. El sabe que soy la misma de ayer, pero ya no podrá cogerme del brazo hasta que seamos novios.
Cumpleaños feliz -me dice- y me deja sobre la mesa una caja para guardar la inocencia.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Corazón sin puertas





A medio cerrar las puertas del verano con la algarabía de soles a medio gastar.
Puerta entornada para un septiembre inevitable por donde se cuela el olor de la tierra mojada en la tormenta y la caricia inconstante de las mareas.
De un lado de la puerta, los besos cosidos al alma con puntadas de colores, del otro, remiendos para justificar el retorno.
Puertas de paso, sin huellas.
Puertas de sal para huir o quedarse.
De Cabo Negro al Estrecho, puerta de agua por dónde cruza la muerte en las noches cuando la luna es delgada como el filo de una guadaña.
Puerta de par en par que custodia la libertad de los sueños.

lunes, 16 de agosto de 2010

Ramadán




(Me voy al paraiso por unos dias, Kabila, en Marruecos)



Al-alba me despierta el rezo,
Al-daba golpeando el sueño.
Mi sed busca en la otra orilla
Al-wadi al-Kabir *
Miel y canela en el recuerdo.


(* En árabe, Guadalquivir, que significa, río grande)

sábado, 14 de agosto de 2010



Yo ya escribí un libro,
Ya planté un árbol,
Tuve un hijo…
¡Por favor, no me obligues a subir en globo!

miércoles, 11 de agosto de 2010

"Tauromaquia" Relato para el jueves



Sólo había un televisor en todo el pueblo, en la taberna de Pedro que estaba frente a mi casa.
Allí se reunían los entendidos en las tardes de toros cuando desde la Maestranza se retransmitía la corrida.
Mi padre era “Currista” y yo, a mis siete años, “del Cordobés” (que ya a los siete me gustaban a mí los toros y hoy a mis 54 no tengo ningún trauma ni me veo mas inhumana que otros)
Tampoco, -si es lo que se pretende- voy a “entrar al trapo” con polémicas y si, ser muy respetuosa con todos los credos.
Habría mucho que discutir y no merece la pena colgarse medallas.
Como os contaba… frente a aquel televisor, en primera fila, aprendía a distinguir las diferentes suertes del toreo…

En las tardes de verano cuando oscurecía, los toros de la dehesa de Isaías y Tulio Vazquez, pasaban de un lado al otro del encerrado, bajaban a beber al arroyo y entre los cañaverales se miraban en el agua. Cuando el sol se ocultaba, confundiendo color de pelaje y noche, los erales caminaban despacio buscando cobijo en las jaras. Los chiquillos en silencio desde la cerca los veíamos pasar y yo, les explicaba lo que había aprendido refiriéndome al pelaje y a la forma de los pitones.
El mayoral montado en su caballo, vara al hombro, como un quijote, se recortaba en la sombra guiándolos…

Como algunos sabéis, soy artesana de bordados. A los dieciséis años me hicieron un encargo muy especial. Bordé mi primer capote de paseo. Ni puedo describir la emoción que encerré entre las puntadas de seda y oro.
El día que su dueño lo paseó por la arena de La Real Maestranza de Sevilla, se me amontonaron los recuerdos.
El corazón de albero se silenció.
Que Dios reparta suertes.

domingo, 8 de agosto de 2010

Madrugada de grillos




Me fueron despertando las sensaciones de una en una
con un abrazo de plenitud, de libertad,
de soledad buscada, añorada, deseada.
Nada más placentero.
Un sofocante calor, dormido el aire detrás de mis cortinas...
Y detrás, la luna,
y detrás el silencio.
Me avisó el reloj con un guiño y se paró.
Cerré los ojos para buscarte entonces.
Viniste a recorrerme entera
y no nos separó la brisa,
viniste a habitar mi deseo y juntos,
recorrimos los surcos que el sueño deja
cuando se siembran besos de amor prohibido.
Amanece duende. ¿Dónde vamos?
" Y los grillos cantan siempre en las noches como esta,
seca la garganta,
cuarenta grados,
Y el hielo de mi vaso se derrite paseando
por la piel agitada de mi pecho.”

sábado, 7 de agosto de 2010

Entierro


Hoy encontre uno de mis cuadernos de cuando era adolescente... La fecha 1973.
Tantos años y descubro en las páginas amarillentas, que sigo usando la misma tinta para contar el desamor.






Entierro


Tú estás como un muerto cualquiera
En la fosa común de mis recuerdos,
respirando el aliento de todas las bocas que me han besado,
arañando el cristal de mi pupila
para ver la luz a través de mis ojos
y te pierdes en la palma de mi mano
cuando con rabia me seco las lágrimas.
La tuya es una cruz más
En el cementerio de mis años,
Para ti el mismo rezo, idéntico epitafio.
Y tú, como todos esos,
abonas la tierra donde crece el olvido.
Si bien es verdad,
Cuando recojo mi cosecha,
Sólo ante ti me tiemblan las manos…
Y no es buen fruto, no, para mi fortaleza.

domingo, 1 de agosto de 2010

La analfabeta

Me estaba prohibido hacer la limpieza en aquella parte de la casa, las ventanas que daban a la galería, permanecían cerradas a cal y canto.
-Bajo ningún concepto se la puede molestar mientras estudia- Fueron las órdenes desde el primer día que me contrataron como cenicienta por horas.
La señora rara vez salía de su cuarto.
La imaginaba yo entre librotes empapándose de conocimientos, sumando a sus ojeras la tinta que restaría a las letras, memorizando logaritmos o deleitándose con las Odiseas de un tal Homero entre otras cosas…
Lo que debía alimentar la cultura a juzgar por la cara de satisfacción con la que aparecía de vez en cuando a darme instrucciones.
Estuve tentada mas de una vez a comentarle que, siendo tan erudita ella, y tan inculta, yo, podría pagarme en especie. Pero no me daba opción de conversación tan larga, pues enseguida se atrincheraba en su cuarto.
La escoba, el cubo, el trapo, no necesitaban prospecto pues se diría que habían nacido como un apéndice más en este cuerpo analfabeto.
Por eso se me contrató, porque yo era poco menos que nada. Ni siquiera me servía en aquella casa el sustantivo propio que me pusieron al nacer. Facunda. Es bien bonito.
Allí me acostumbré a ser sólo un pronombre. TU.
Despojada de calificativos y sólo muy de vez en cuando me adornaban el tiempo con un verbo imperativo: limpia, cocina, duerme, calla.
Un día la señora me pidió el plumero. Yo me ofrecí inmediatamente a limpiar el polvo de donde fuere menester, temerosa de que me despidiera por no hacer bien mis tareas. Pero no, no era eso, se esforzó para que entendiera que el plumero y ella iban a hacer un experimento con las estanterías, lo de la gravedad o algo así -supuse yo-… en fin, que, grave, grave, no sería mucho porque se le oía reir como una descosida desde el otro extremo del pasillo.
Salvando alguna que otra excentricidad, era un placer trabajar para alguien que cultivaba su intelecto con tantísimo esmero. Yo admiraba su sacrificio y las horas de clausura entre esas cuatro paredes, para total, conocer los afluentes de los rios africanos, el ritual de apareamiento del escarabajo pelotero, el precio de la moneda en Sigapur o el código genético de los helechos.
Pero, claro, a ella se la veía tan feliz pasando el plumero por los lomos de la cultura…
No sabría decir si los quejidos que alguna noche me desvelaban, procedían de aquel cuarto, y recordé la frase que mi señora repetía cuando alguien le aconsejaba dejar por un tiempo el estudio: ”El saber no ocupa lugar”, a mi no me cuadraba la respuesta, pues me constaba que tanto libro no le dejaba espacio ni para respirar. Pero no era el caso, las madrugadas sonaban a estampida, a ejército en plena batalla.
Facunda, me dije, tú en imperativo, ¡duerme!

No se cual fue la causa, igual es que con los años me había tomado cariño. Por fin tuve acceso a la habitación del fondo bajo juramento de no tocar ni revelar lo descubierto.
Me regaló todos los libros incitándome así a pulir mi incultura en favor del cuidado meticuloso de tan peculiar mobiliario. (Juzguen ustedes mismos)



Ya se las cuatro reglas, pongo empeño, pero aun me queda mucho que aprender.